La Importancia del Luto para la Sanación

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Por: Keren Escobar

Hace dos meses murió mi abuelito Fernando, a los 91 años. Se fue lento, sin prisa, con dignidad y rodeado de amor. Yo crecí a la sombra de ese hombre fuerte y amoroso, y viví junto a él suficientes años y en la misma casa como para que su muerte me marcara profundamente. Todo pasó muy rápido; yo estaba fuera del país, mi regreso se complicó y al final, mi familia y yo decidimos que yo no estaría presente en los actos fúnebres. Ahora que regresé a Guatemala, sigo creyendo que mi abuelo está sentando en su banca, escuchando marimba, con una taza de café en la mano, sin creer todavía que ya no está. La psicología dice que hay un proceso de negación después de la muerte de un ser querido. En estos días, he pensado sobre mi negación que se sustenta en el ejercicio doloroso -pero necesario- de enterrar a nuestros muertos. Yo no pude estar en el entierro de mi abuelito, y eso se ha convertido en parte de mi negación.

Cada muerte es dolorosamente distinta, y depende del contexto, la cultura y las circunstancias en las que ésta se ha dado. Sin embargo, toda muerte comparte un ritual, y aunque no es lo mismo un acto fúnebre en la India que en Guatemala, hay una cosa en la que ambos actos convergen: la necesidad y el derecho de despedirnos de nuestros muertos como queramos hacerlo; tener una fecha y un lugar que nos refiera ese acto simbólico de dolor, pero también de amor, es prioridad humana. En Guatemala velamos y enterramos a nuestros seres queridos en un ritual que conlleva cargar en hombros el ataúd, colocar coronas y flores sobre la tumba, dar comida y bebida a los acompañantes, llorar a la persona fallecida, y en muchos de los casos, tallar en una lápida con los nombres de los difuntos y las últimas palabras que los acompañen.

Nuestro país, es un lugar de muchos entierros y velorios. Es un país donde la muerte es algo de todos los días, y en el imaginario colectivo está presente como una idea que pocas veces nos abandona. Miles de personas han emigrado a Estados Unidos y nunca más se ha sabido de su paradero, miles también fueron asesinados y desparecidos durante el conflicto armado, (siendo esto todavía, negado por el Estado y por sectores de la sociedad guatemalteca que cínicamente afirman que no hubo genocidio). Muchos más hoy, son desaparecidos a causa del crimen, en una sociedad donde la violencia se ha vuelto algo “normal”, en donde al final las familias de las víctimas tienen que “aceptar”. ¿Cómo aprobar la muerte con facilidad, cuando el sistema ni siquiera le brindó a la persona la oportunidad de disfrutar mientras vivía?

Para muchos guatemaltecos, la muerte es como una espina que se clava en uno de los dedos, pero que jamás sale de ahí y llega hasta el corazón. Miles de familias no tienen un lugar a donde ir en noviembre para honrar a sus difuntos, no tienen a donde llevar flores frescas y tampoco han podido superar la negación de la muerte de un ser querido. ¿Cómo hacerlo si jamás hubo un cuerpo, si no hubo ceremonia de entierro ni siquiera un acta el Sistema del Registro Nacional de las Personas que pudiera declarar una defunción? ¿Cómo se supera el saber que tu padre, madre, esposo, hija o abuelos están muertos, si no puedes leer la lápida en donde estén sus nombres, o siquiera una tumba en un cementerio? Enterrar el cuerpo de la persona amada, es concretar la ausencia física, pero también es la esperanza y consuelo de tener un lugar específico a donde ir a buscarlo y encontrarle.

Nos faltan muchas personas amadas. El ejército debe hacerse responsable de sus actos, el gobierno debe responder por las emigraciones masivas en donde los cuerpos quedan tirados en desiertos os o fosas comunes, y la justicia debe aplicarse para todos aquellos que cometan el delito de quitarle la vida a otro. Queremos esos cuerpos de vuelta, a la tierra, en una tumba digna donde podamos ir a dejar flores, un octavo de guaro, ir a llorar en sollozos o gritos, o simplemente a estar y silencio solos en familia para este día de los muertos, o para cualquier otro día para superar la negación, comenzar la resignación y continuar con nuestra vida.

Organizaciones sociales y familiares de victimas del conflicto armado realizan un acto de condena postuma. Foto: Flickr Surizar – https://www.flickr.com/photos/puchica/2289169560

Foto de portada: Un hombre toma un descanso luego de decorar una tumba en el cementerio de Sumpango, Guatemala, durante el Día de los Muertos. Flickr de Dan Pérez.