Una herencia perdida: la importancia de la educación bilingüe en Guatemala

Niños en escuela de Joyabaj, El Quiché. Foto por Maribel Dubón.

Por Diana Pastor

Era el año de 1964, y en la pequeña aldea de Paxixil, en el occidente de Guatemala, un joven mensajero tocaba el tambor recorriendo los caminos, anunciando en idioma k’iche’ que por órdenes del gobierno, era mandatorio que los padres enviaran a sus hijos e hijas a la escuela. Mi madre, que en ese entonces no entendía español, sabía que había llegado el día tan temido. Aunque tenía enormes deseos de aprender a leer y escribir, también estaba asustada. ¿Cómo voy a hacer para estudiar en español? –se preguntaba- ¿Cómo le voy a hacer para decir que sé tal cosa, o que no sé otra, si yo sólo puedo hablar en k’iche’? Esta incertidumbre, no era una preocupación aislada suya, sino era la de muchos niños y niñas de éste y otros pueblos en donde la “castellanización” era la introducción a una educación primaria obligatoria en español y formaba parte de un proceso de asimilación cultural para extender el dominio de este idioma sobre los idiomas indígenas en Guatemala.

Ese proceso de asimilación, tuvo los resultados esperados. Mi madre, años más tarde, se mudó de su pueblo natal a la capital después de casarse con mi padre, educándome en español, en parte porque se trasladó a vivir al área urbana y en parte por presión de mi padre -también indígena maya k’iche’- quien no quiso repetir en mí la historia de discriminación en su niñez a causa de su escaso español durante su tiempo como niño trabajador en la ciudad de Guatemala. Ciertamente, mi padre acertó en sus deducciones: el tener español como primer idioma me facilitó la educación e incluso, me libró bastante bien de ser discriminada, lo cual fue algo así como ser indígena, pero camuflada, pagando por ello un alto precio: el crecer de manera monolingüe. Una gran e importante parte de la herencia de mi cultura k’iche’ está perdida y es sólo hasta ahora, que estoy intentando recuperar esa riqueza que se perdió a causa de las condiciones educativas y sociales establecidas en ese tiempo y que desafortunadamente, permanecen vigentes hoy en día.

El sistema educativo guatemalteco continúa enseñando a los niños indígenas bajo un sistema de educación regido solamente por el idioma español, a pesar de la gran cantidad de instrumentos legales que sustentan la educación bilingüe intercultural. Éstos van desde la Constitución Política de la República, que reconoce el derecho de las personas y de las comunidades a su identidad cultural de acuerdo a sus valores, su lengua y sus costumbres, la Ley General de Descentralización que tiene como principio el respeto a la realidad multiétnica, pluricultural y multilingüe de Guatemala; el Código Municipal, que establece que el Concejo Municipal debe organizar comisiones de educación bilingüe intercultural, estableciendo el mandato de la gestión de la educación pre-primaria, primaria, los programas de alfabetización y educación bilingüe y el Decreto Ley 19-2003 de Idiomas Nacionales que reconoce el respeto, promoción, desarrollo y utilización de los idiomas de los pueblos Mayas, Garífuna y Xinka en Guatemala. Existe también la Ley de Educación Nacional que establece que la educación debe responder al entorno multilingüe, multiétnico y pluricultural de las comunidades, además de los Acuerdos de Paz y la Convención de los Derechos del Niño que avalan un sistema de educación bilingüe intercultural. Las bases para implementar un sistema de educación más adecuado a las comunidades están ahí, pero en la práctica, la educación bilingüe no ha arrancado todavía porque no hay voluntad política para hacerlo.

Estudiante de la escuela en Momostenango, Totonicapán. Foto por Miguel García

 

En el 2016, la Corte de Constitucionalidad de Guatemala emitió una sentencia en la que se ordenó al Ministerio de Educación (MINEDUC) implementar la educación bilingüe e intercultural en las 13 escuelas del municipio de Santa Catarina Ixtahuacán, en el departamento de Sololá. Los postulantes de la demanda, afirmaron que el 99.7% de la población en este municipio es indígena Maya hablante del idioma k’iche’, razón por la cual resulta incongruente que aún se continúe trabajando bajo un modelo educativo en donde no se llenan las calidades metodológicas ni se impartan los contenidos que son pertinentes culturalmente. A mediados del año 2017, las autoridades Ancestrales de Santa Catarina Ixtahuacán realizaron un conversatorio sobre los avances de dicha sentencia, afirmando que se había tenido más limitaciones que avances en cuanto a la implementación de la educación bilingüe, y advirtieron que, para poder mejorar la situación de educación primaria en el país era necesario cambiar la dinámica de enseñanza, dejando de implementar actividades “de relleno”, o de lo contrario se seguirían obteniendo resultados negativos en cuanto al rendimiento y los resultados de los estudiantes.

Muchos de los docentes en las escuelas no dominan el idioma de la comunidad, y si lo dominan no están capacitados para adaptarse a la enseñanza de un sistema de educación bilingüe porque tiene conflictos en cuanto a la metodología o los materiales didácticos que se utilizan para enseñar. En otros casos, los docentes también están desligados de los contextos sociales y culturales. Éstas y otras dificultades hacen que se considere a la educación monolingüe en español como la forma más lógica, práctica y conveniente de educar a nivel de país, lo cual no sólo hace que los padres y la comunidad no exijan una educación adecuada a su realidad, sino que los hace adaptarse a ella, sacrificando así la oportunidad de que sus hijos aprendan en su idioma materno. Además de esto, producto de una ideología racista profundamente instaurada desde la invasión española, una gran parte de la población considera que educar en las escuelas en los idiomas Mayas además del español, representa una pérdida de tiempo y que en lugar de ello debe promoverse el correcto aprendizaje del idioma español y de los idiomas extranjeros, especialmente del inglés. Es frecuente encontrarse con opiniones de guatemaltecos que creen que el enseñar paralelamente en español –y en idiomas Mayas, Xinca y Garífuna- es un retroceso en la educación y vuelve a los niños laboralmente “incompetentes” ante el futuro de un mundo globalizado que exige estar a la vanguardia sabiendo otros idiomas oficiales a nivel mundial.

El idioma de una comunidad, es casi como su alma, porque por medio de éste se transmiten conocimientos y se educa a las nuevas generaciones. Interrumpir esta dinámica que ha funcionado en los pueblos por generaciones es eliminar de manera sistemática la riqueza cultural y la forma originaria de vida en las comunidades. Es necesario que el Estado de Guatemala, más que implementar nuevas políticas, pueda poner en práctica las que ya existen, y que lo haga de manera integral. En palabras del profesor y director de la escuela Pedro Monroy, Cruz Ayapan, del municipio de San Juan Sacatepéquez: “…se necesitan diferentes formas de educación para que los niños puedan aprender sin miedo, teniendo confianza en sí mismos, desarrollando sus propias capacidades, potenciando sus habilidades y destrezas, practicando los valores de la comunidad y utilizando los materiales y el recurso humano adecuado. Se necesita unificación de criterios en cuanto a cómo debe ser la educación bilingüe intercultural y que ésta sea supervisada para lograr avances de verdad”. Es necesario comprender que no basta con enseñar en los idiomas indígenas maternos los conocimientos que siempre han sido impartidos en las escuelas –los cuales en su mayoría son saberes occidentales-, sino que también se debe de construir y sistematizar el conocimiento desde la propia visión y forma de vida de la comunidad, desde la propia cosmovisión. El ejemplo de Santa Catarina Ixtahuacán, es una pequeña-gran lucha que puede generar un efecto dominó en los cientos de comunidades indígenas del país, para que se pueda exigir una educación de calidad, incluyente y adecuada, que tanto se merecen los niños en Guatemala.

Niños en hora de recreo Joyabaj, El Quiché. Foto Maribel Dubón


Foto de portada: Niños en escuela de Joyabaj, El Quiché. Foto por Maribel Dubón