Los que se quedan: Un testimonio de resistencia juvenil frente a la migración parental

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Por Benjamin Ruiz Rosado

No procesaba ni que estaba pasando. Yo era niño pues. Y cuando regresé a la casa, pensé, “Ya se fue mi mamá. Ay dios ¿A dónde se fue?” Y regresé solito a mi casa y no había nadie. Y pensaba, “Ay, ¿qué pasó?”…Y allí lloré.

Por los últimos doce años, Marty Garcia, de 22 años, ha estado viviendo una vida de mucha independencia en Zunil – un pueblito ubicado en el departamento montañoso de Quetzaltenango, Guatemala.

Similar a otros jóvenes en América Central, Marty ha crecido con un padre trabajando en los Estados Unidos. Enviándoles, a él y sus dos hermanas menores, dinero dos veces al mes para los útiles escolares, la comida y otros gastos. El en caso de Marty, antes de tener 11 años ambos padres habían migrado a los Estados. Su padre migró primero y pronto después se fue su madre. Marty era demasiado pequeño para recordar a su papa. De vez en cuando, Marty ha pensado como sería ir a los Estados Unidos para estar con sus papas.

Ha habido en los últimos años un aumento alarmante en la cantidad de menores no acompañados viajando a los Estados Unidos. Los números de los jóvenes no acompañados que se han encontrado a la frontera entre México y los Estados Unidos en 2011 era 1.565 aumentando a 17.057 en 2014, un 1.100% más que en 2011. Mientras en el 2015 disminuyó a 13.589, los expertos advierten que los flujos migratorios aumentarán hasta que los legisladores internacionales y locales tenga en cuenta las cuestiones socioeconómicas y de seguridad, que están impulsando a los Centroamericanos a dejar sus países.

Las razones de la migración son complejas, colectivas e individuales – pero un factor común para muchos jóvenes es reunirse con uno o los dos padres al llegar a los Estados Unidos. Mientras que esta ‘situación de urgencia humanitaria’ ha recibido atención nacional e internacional en cuanto a las razones que motivan a los jóvenes a migrar, la prensa ha pasado por alto un asunto de suma importancia: la experiencia emocional que sufren estos jóvenes que crecen separados de sus padres, porque estos residen en Estados Unidos u otro país.

Tuve la oportunidad de hablar con Marty y escuchar su historia personal, una historia  que nunca había hablado con alguien antes. Siempre ha sido un tema evitado dentro su familia, desde que sus padres se fueron.

Yo nunca había hablado con nadie de este tema. Cuando me preguntan de mis papas, solo les digo, “Ah, mis papas están en los estados.” Y yo no les cuento nada. Incluso, no todos mis amigos lo saben.

La experiencia migratoria para los jóvenes que permanecen en sus países de orígenes puede estar llena de sentimientos conflictivos y preguntas sin respuesta. Marty recuerda que no era completamente consciente de la situación cuando su mamá decidió irse y reflexiona sobre cómo le ha influido en su adolescencia. Recuerda la partida de su mama, cuando el tenía 10 años, como algo inesperado y abrupto.

Recuerdo el día que mi mama se fue. Ella me dijo: “Mijo, yo voy allí con tu papa. Ustedes se cuidan y van a quedar con sus abuelos y desde allí los llamo y les escribo.”  Y yo estaba como , ah bueno.

 

Mis hermanas se fueron con mis abuelos y luego yo fui con mis tíos para dejar a mi mamá al aeropuerto. Pero todavía no procesaba ni que estaba pasando. Yo era niño pues. Y cuando regresé a la casa pensé, “Ya se fue mi mamá. Ay dios ¿a dónde se fue?” Y regresé solito a mi casa y no había nadie. Y pensaba, “Ay, ¿qué pasó?” Y allí lloré.  

Al reflexionar sobre sus sentimientos, Marty expresa emociones contradictorias con relación a la decisión de sus padres de irse. Por un lado, entiende que hay beneficios económicos de trabajar en los EEUU para mejorar las condiciones familiares. Pero eso no significa que no pueda tener sentimientos de resentimiento por ello. Puede ser confuso lidiar entre ser comprensivo con sus padres, mientras se permite a sí mismo validar sus propias emociones sobre el asunto.

Sinceramente, no me acuerdo hace cuánto tiempo se fueron mis papas…tal vez unos 10 años o más. No tengo memoria de mi papa. […] Es muy raro que se vayan los dos. Normal es solo uno que se va. Mi mama no me quería. (*risa*) Se fue.

Marty habla de cuando se fue su mamá, él y sus hermanitas vivían con varios familiares hasta que todos se casaron o se trasladaron a otra casa. Actualmente, Marty y sus hermanas viven solos en la casa de sus padres, en la misma cuadra del resto de su familia.

Con respeto a la comunicación con sus padres, Marty dice que es algo impersonal y breve. Ha sido así desde que recuerda. Ya se acostumbró.

De hecho, no hablo mucho con ellos. O sea, hablar sería conversar. Como, “¿Cómo les fue?” Si no, [en mi caso] es más como:

“¿Cómo están?” (Dice mi mama)

Yo: Bien.

Mamá: “Ah, okay. Te voy a mandar tu quincena para que compren lo que necesiten y que coman. Ahorita te voy a mandar la clave. Que se cuidan mucho.”

Yo: Ah. Okay.

La adolescencia es un periodo marcado por el desarrollo biológico, emocional y mental. Muchos jóvenes separados de sus padres debido a la migración normalmente están bajo la tutela de otros cuidadores, principalmente los abuelos, pero para Marty la experiencia fue diferente.

Creo que me afectó mucho [crecer sin mis padres en Guatemala]. Porque me hubieran aconsejado o algo así. Nos hubieran orientado. Mis abuelos piensan en otras cosas, [son de otra generación] y tienen sus propios hijos. No teníamos la atención que necesitábamos. Pero si hicieron mucho por nosotros, ya que estábamos con ellos.

Es importante destacar testimonios como el de Marty porque no solo dan una voz al sector de jóvenes, que a menudo esta desapercibido o despreciado, sino que también alertan de la relación entre migración y salud mental juvenil en Guatemala.

La juventud en Guatemala es el sector más grande de toda la población nacional. En 2012, el 50% de la población total era menor de 19 años, la proporción más elevada de jóvenes de cualquier país en América Latina.

No hay datos claros que revelen cuantos jóvenes guatemaltecos han crecido y están creciendo separados de sus padres. Sin embargo, dado al número de jóvenes no acompañados yendo a los EEUU, se puede suponer que hay muchas más historias parecidas a la de Marty. Unido a la carencia de recursos de salud mental en Guatemala – solo 0.9% del presupuesto nacional de salud se dedica a la salud mental. Además el 90% de ese presupuesto se concentra en la capital, dejando solo un 10% para el resto del país – esta claro que hay mucho por hacer para apoyar a jóvenes que no pueden procesar como la migración de sus padres les afecta a su desarrollo emocional.

La elección de Marty es seguir un camino hacia el éxito y la esperanza. Está en su tercer año de universidad, camino a obtener una licenciatura de diseño gráfico. Él se encarga de motivar a sus hermanas cuando están desanimadas sobre sus estudios y dicen: ‘¿Para que esforzarse? Ni siquiera están nuestros padres.’

Sinceramente ni les hablo como hermano ni como papá , yo les digo la verdad. Yo les digo si yo salí y nadie me apoyaba, imagínate vos, yo estoy contigo ahora y tú tienes esas oportunidades que yo no tenía antes porque antes tampoco tenía mucho dinero. Ahora tal vez estamos un poco más estables. Es más como una plática seria para que reaccionen.

Marty tiene grandes planes para el futuro y está determinado a realizarlos.

Es como un video juego: si tienes un objetivo, sabes por qué estás jugando para llegar a tal punto. Si uno no tiene objetivo, es por eso que uno va por los lados. Mis metas personales es superarme y sacar a mis hermanas adelante. Porque siento que habrá un punto cuando mis papas nos van a dejar de poder ayudar. No quiero que mis hermanas se queden en el camino.

El testimonio de Marty no solo sirve como recordatorio de las penas silenciosas que muchos jóvenes sufren, sino que también demuestra su resistencia y fuerza interior. Las palabras finales de Marty son quizás las mejor transmitan como los que son directamente e indirectamente afectados por la migración parental son capaces de comprender su situación, dejando claro de que los jóvenes en circunstancias como estas no son solo historias tristes, ni causas pérdidas merecedoras de lástima. Tienen el poder dentro de ellos mismos para triunfar y prosperar.

Sinceramente, creo que todos deban de entender [un punto acerca de] los papás: Si uno nació sólo, tiene que esforzarse sólo. Si tienes a tus papás, que bien, porque vas a tener ese apoyo. Y si no, que bien también, porque uno mismo se hace sólo y se hace una mejor persona sólo. Veo que hay muchas personas que se preocupan y dicen, “es que sin mis papas, voy a echarme a perder.” Pero hay que concentrarse en tus metas, no importa de lo que pasa.