Carta de Amor para las Amigas

Por: Keren Escobar

De niña no tuve hermanas, pero ahora las tengo. Una familia no necesariamente está formada por la consanguinidad, sino quien presta sus oídos, su voz, sus brazos y su corazón cuando se necesita. Estoy enamorada de las redes femeninas que se han tejido entre mujeres en México, Norte América y Centroamérica, cruzando fronteras, superando distancias físicas, interactuando con el tiempo como expertas en lo relativo, pues siempre hay tiempo y espacio para llorar, aprender, apoyar, gritar o bailar juntas.

Sin embargo, no todo es “miel sobre hojuelas”, y es que hay días grises en donde nos preguntamos ¿hasta qué punto las mujeres somos quienes controlamos activamente nuestras vidas y qué es consecuencia de las fuerzas sociales que escapan de nuestro control? Nosotras, nuestras madres, las abuelas, todas víctimas de víctimas, de un círculo sistemático. ¿Quién lo romperá? ¿Ya iniciamos ese desgarre de la armadura que nos ha tenido condicionadas y tristes por tantas generaciones?

Estas y otras preguntas nos acechan en un entorno tan hostil que busca lo femenino para ridiculizar y ejemplificar la debilidad. Si tan siquiera nos dejaran ser para decidir ir por más, pero… ¿acaso solo depende de atrevernos? He visto resurgir a mujeres confundidas por un amor disfrazado de doctrinas egoístas, que ahora vuelan alto y bajan cuando es necesario, a llorar con otras mujeres; bajan a cometer errores, pero se reconstruyen y suben de nuevo.

Es hermoso saber que he podido abrazar a mujeres tan valientes, como tú, amiga, que decidiste que nadie te diría que NO puedes maquillarte o que deberías hacerlo, que no podrías cortarte el pelo, hacerte un tatuaje, manejar un camión o tomar una copa de vino.

Tú que te volviste guerrera y ahora vives sola, haces música, lees filosofía y aceptas con dignidad que puedes enamorarte las veces que sea necesario hacerlo.

Tú, amiga, que caminas con tu cámara y grabadora en mano, cuestionando nuestro sistema político, económico y social, haciendo bien tu trabajo, aunque sea mal pagado y aunque se te discrimine por ser mujer y se te quiera censurar por decir lo que tantos se callan.

Tú, amiga que andas lejos de casa, de tu familia, amistades y de la calle que te gustaba caminar, que manejas en el tráfico para ir a tu trabajo, aunque los hombres te lancen miradas abusivas.

Tú que regresas cansada y sola a casa, pero durmiendo con la convicción que la independencia es el camino.

Soy afortunada de ver sus luchas, amigas. ¡Qué honor ver cómo han llegado a la política, en un sistema diseñado para y por hombres, y con seguridad en sí mismas! ¡Qué dicha ver cómo han resurgido como defensoras de la Madre tierra y campesina, denunciando y proponiendo sin miedo y de frente! ¡Qué satisfacción ver que estamos ganando a pulso nuestros espacios de incidencia, asumiéndose feministas!

Gracias amiga, por enseñarme que, aunque seamos un pueblo conservador y machista, eso no significa que no podamos cambiarlo. Pienso en cómo te levantas de madrugada y despides a tus hijos y a tu madre con un beso y te vas a trabajar a la ciudad, sin importar que te hayan abandonado, o que te hayan dicho que no puedes, o que te ves tan joven, débil o tierna. Pienso en cómo has logrado estudiar en la universidad, conseguir un trabajo importante, cuidarte sola y regresar a ese vientre materno donde tu familia te espera para dormir.

Cuando pienso que todo está determinado por un sistema malvado y controlador que nos ataca con violencia, miedo, ignorancia y moralismos patéticos, veo los pasos sólidos que todas las mujeres valientes e independientes dan; entonces, navego por la esperanza de un nuevo horizonte, donde podamos ser un poco o mucho más libres, sin determinismos, represión, ni herencias dolorosas.

Gracias hermanas por enseñarme tanto.

Con amor para todas las mujeres amigas, en especial para Jacky, Vonnie, Yuse, Emma Vicente y Allison.