La Violencia Patriarcal en Guatemala (1)

POR ALBA CECILIA MÉRIDA (2)

A nivel nacional, cada año se conocen cifras alarmantes de femicidios, de asesinato de mujeres; de niñas y adolescentes embarazadas como producto de violación sexual. En el 2018, el Ministerio Público recibió 5,500 denuncias por violencia sexual en contra de niñas y niños. El Observatorio de la Mujer del MP reportó 2,008 alertas Isabel-Claudina para mujeres desaparecidas entre agosto 2018 y septiembre 2019 de éstas se mantienen activas 463. En promedio se activan cuatro alertas por día. Según el Informe del Grupo de Ayuda Mutua, sobre Monitoreo de Violencia Homicida en Guatemala (2018), en ocho años han sido asesinadas 5,907 mujeres. Esta misma institución y en base a datos del Instituto Nacional de Ciencias Forenses, INACIF, reportó 65,364 agresiones sexuales sufridas por mujeres entre el 2008 y 2018.

En Totonicapán, una pequeña de diez años, fue secuestrada y violada por un vendedor de ruta. La pequeña se encontraba atendiendo la tienda de su familia, cuando “el violador la raptó, se la llevó a un auto hotel, abusó de ella hasta dejarla inconsciente y después la abandonó.” (Nuestro Diario, junio 2019). Según información del 3 de septiembre de 2019 del periódico digital El Quetzalteco, el violador sexual fue condenado a 54 años de prisión. En Chiquimula “Valentín López Mateo con ayuda de un cómplice secuestró y lazó a su bebé de 20 meses a un estanque y también atacó a machetazos a su hija mayor con la intención de eliminarlas para no pagar la pensión alimenticia” (Nuestro Diario, Guatemala, 12 de junio de 2019).

En Guatemala abundan los ejemplos de cómo son violentadas las mujeres desde las más pequeñas, hasta las más ancianas, porque cada día, en todo el país, son agredidas, violadas y asesinadas. Por ello, hablar de violencia de género es insuficiente. El uso despolitizado de este concepto a lo largo de los años ha contribuido enormemente a focalizar a las mujeres como causantes de la violencia que sufren, y en consecuencia, convertirlas en las responsables de buscar soluciones a lo que se considera “su problema”.

¿Por qué matan a las mujeres en Guatemala?

¿Cómo entender lo inhumano? ¿Por qué un hombre viola a una niña de cinco años? ¿Por qué un padre secuestra y lanza a su pequeña hija a un estanque? ¿Por qué un esposo ahorca a su esposa enfrente de su hijo de cuatro años y luego la lanza a una fosa séptica? ¿Por qué una mujer es asesinada y luego su cuerpo es abandonado envuelto en sábanas? ¿Por qué una ex reina de belleza es ejecutada por la espalda y sus asesinos regresan para cerciorarse que está muerta? Las preguntas son infinitas, como infinitas son las muertes de mujeres y las formas usadas para provocarles sufrimiento. Las respuestas y soluciones a este gravísimo problema social sólo podrán darse cuando seamos capaces de transformar las ideas patriarcales que definen a las mujeres o el para qué existimos.

La violencia que está acabando con la vida de miles de guatemaltecas es de origen patriarcal porque en ella opera la interseccionalidad de todos los sistemas de opresión como la heterosexualidad, el racismo, la pobreza extrema y la exclusión social y “se alimenta de raíces muy fuertes y  profundas, nada fáciles, precisamente de desarraigar; donde el patriarcado(3) es una estructura de poder sumamente arraigada, pero más de lo que podemos imaginar y más de lo que incluso estamos imaginando ahora” (Amalia Valcárcel). Se trata de un tipo de violencia cometida por la sociedad en su conjunto, donde funciona un orden simbólico que organiza el dominio masculino sobre las mujeres.

A lo largo de la historia de Guatemala, la violencia en contra de las mujeres ha estado presente y ha tenido connotaciones diferentes, aunque sólo recientemente se ha reconocido como tal. En la actualidad diferentes sectores y grupos hegemónicos usan la violencia como poder, orientada a sostener redes criminales y negocios ilícitos como el secuestro, extorsión, asesinato, trata de personas, pero también para sostener al patriarcado y al orden heterosexual. Por lo anterior, en todos los ámbitos de la vida social se encuentra presente la violencia en contra de las mujeres, desde la violación sexual, hasta el asesinato por sicarios o parejas sentimentales.

Como manifestación cotidiana la violencia patriarcal se da a lo interno de las familias, quedando oculta entre las paredes de las casas. Se propaga en los centros educativos. Los agresores y violadores sexuales son protegidos por las autoridades, desde las comunitarias, hasta las municipales. Las familias los esconden y defienden. La violencia patriarcal queda impune cuando el sistema de justicia es lento e inoperante y cuando las iglesias promueven la sujeción y sumisión de las mujeres. Por todo esto es violencia patriarcal, porque todos los sistemas operan en contra de una vida plena y sin sufrimiento para las mujeres.

Documentar la violencia patriarcal tiene como objetivo resaltar que asesinar a las mujeres es un recurso inmediato de los hombres, sea cual sea el contexto. Los narcotraficantes las matan cuando ellas ya no les sirven para trasegar droga o cuando ellas quieren romper relaciones afectivas con los capos, pero antes de asesinarlas, sus verdugos las violan. Los proxenetas antes de ofrecerlas como mercancía las violan, es su forma de marcarlas. Los tratantes de mujeres, antes de venderlas las tienen como esclavas sexuales; los traficantes de órganos antes de descuartizarlas las violan. La violación sexual es una recompensa para los hombres. Un contraargumento masculino a este planteamiento puede ser “eso les pasa por meterse con delincuentes”. Si ésta fuera una verdad, entonces ¿cómo explicar que en cuatro años en el departamento de Huehuetenango, según datos del MP, fueron violadas sexualmente 36 niñas, donde las dos más pequeñas tenían apenas 1 año de edad y 13 tenían 6 años?

A las mujeres también las matan sus novios, esposos o convivientes cuando ellas se cansan de vivir relaciones abusivas y buscan separarse, o cuando éstos se enamoran nuevamente y no encuentran otra manera de rehacer su vida y deshacerse de quien les estorba, cometiéndose así infinidad de femicidios. Lo sórdido de la violencia patriarcal en contra de las mujeres es que se perpetra en contra de todas, sean mayas, mestizas o de cualquier otro Pueblo; en todos los estratos sociales, en todas las regiones geográficas. Lo más escalofriante es que los datos registrados por el MP y el sistema de justicia especializada sólo muestran la punta del iceberg. El grueso de esta violencia está oculto por el mandato del silencio impuesto a las mujeres, por las propias familias para resguardar el honor y el prestigio de los hombres, para evitar el “qué dirán”.

Ante las cifras de violencia en contra de las mujeres, la invitación es a reflexionar y actuar política y humanamente para erradicar de raíz las causas que la sostienen y para que los hombres y las mujeres construyamos relaciones entre nosotros basadas en el respeto y amor a la vida, y a la vida de las mujeres.

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(1) Lo expuesto en este artículo forma parte del Informe sobre Violencia Patriarcal en Huehuetenango 2015-2018, elaborado por Alba Cecilia Mérida, para la Asociación Vida Justicia y Libertad para las Mujeres con sede en Huehuetenango, el cual será publicado en noviembre 2019.

(2) Antropóloga, feminista, defensora de derechos humanos y del territorio.

(3) Énfasis propio.