La bacteria invencible

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Foto de portada: La bacteria E.coli

Por Nicole Tse

En mayo de 2016, investigadores en los Estados Unidos encontraron una cepa de bacteria resistente a antibióticos en la orina de una mujer que había ido al médico para tratar una infección urinaria. Este hallazgo ha alarmado a funcionarios de salud pública, no solo en los EEUU sino también en todo el mundo. Para entender por qué esta noticia es tan impactante, analizarmos los antibióticos y sus efectos.

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La palabra antibiótico viene del griego: anti (contra) y bios (vida). Los antibióticos, que se descubrieron en las décadas de los 40 y los 50, son sustancias químicas que se usan para tratar infecciones bacterianas, como hongos y parásitos. Algunos ejemplos de enfermedades causadas por bacterias incluyen la sífilis, la tuberculosis y la salmonela. Los antibióticos pueden ayudar a un enfermo en una de dos maneras. El primer tipo de antibiótico es bactericida; es decir, mata las bacterias que causan la enfermedad, obstaculizando la formación de la membrana de la célula o interrumpiendo los procesos dentro de la célula que son necesarios para la vida de la bacteria. La penicilina, el primer antibiótico, es bactericida. El segundo tipo de antibiótico simplemente previene que las bacterias se multipliquen, para que la población de bacterias indeseables pueda ser destruida por los glóbulos blancos del enfermo. Los antibióticos normalmente se prescriben para combatir una enfermedad ya existente; aun así, también se pueden administrar de manera profiláctica—por ejemplo, antes de una operación quirúrgica, para prevenir la infección. Sin embargo, esta no siempre es la mejor opción.

La sobreutilización y abuso de los antibióticos en la medicina moderna ha llevado a un auge de “superbacterias”, bacterias que no se dañan por ciertos antibióticos. Esta resistencia ocurre cuando las bacterias tienen contacto con los antibióticos y los genes mutan hasta que el antibiótico ya no tiene impacto. Esta resistencia pasa a generaciones subsecuentes de la bacteria o incluso puede pasar a otros tipos de bacterias. Muchas veces las bacterias se exponen a los antibióticos cuando la gente los toma por un resfriado o un gripe, con la idea de que la medicina le ayudará a recuperarse más rápido. Sin embargo, los resfriados y las gripes se causan por viruses y no se pueden tratar con antibióticos. Como resultado, los antibióticos destruyen las bacterias “buenas” en el cuerpo del enfermo y le hace el sistema inmune más vulnerable, mientras las bacterias indeseables tienen más oportunidades para adaptarse a las drogas. En otra situación, los enfermos a veces empiezan un ciclo de antibióticos, pero dejan de usarlos porque se sienten mejor. Como no completan el ciclo entero, es más probable que algunas de las bacterias sobrevivan y puedan volverse resistentes. Actualmente existan cepas resistentes de Staphylococcus aureus (SARM), E. coli, tuberculosis, gonorrea e infecciones de estafilococos, entre otros. Aunque estas bacterias no se pueden tratar con los antibióticos típicos, por lo general se pueden combatir con otras medicinas más fuertes.

Pero la cepa de E. coli que se descubrió en la orina de una mujer estadounidense en mayo es algo diferente. Estas bacterias son resistentes a la colistina, un antibiótico que normalmente se usa como último recurso debido a sus dañinos efectos secundarios, así como a algunos otros antibióticos. Esta no es la primera cepa de bacteria que se ha vuelto resistente a la colistina; sin embargo, este caso es mucho más serio que los demás porque las cepas anteriores manifestaron los genes de resistencia directamente en el ADN, mientras los genes de resistencia de la cepa actual están ubicadas en una pieza circular de ADN que se llama plásmido. Mucha de la preocupación se debe al hecho de que el plásmido—con los genes de resistencia—se reproduce y se transmite fácilmente a otras bacterias, lo cual permite que esta resistencia se difunda de manera rápida y amplia.

Un cultivo de la bacteria E. coli, amplificado 10.000 veces ERIC ERBE y CHRISTOPHER POOLEY

Un cultivo de la bacteria E. coli, amplificado 10.000 veces ERIC ERBE y CHRISTOPHER POOLEY

Lo que se teme más es que la resistencia a la colistina se transmita a unas bacterias resistentes al carbapenem (CRE por su nombre en inglés). Estas bacterias, que pueden resultar fatales en un 50 por ciento de los casos, son resistentes a los antibióticos carbapenémicos, un tipo de antibióticos que se usan para tratar bacterias que ya son resistentes a otras drogas. Solo hay unos antibióticos que permanecen eficaces frente a los CRE y la colistina es uno de ellos. Así que si los CRE tuvieran contacto con otras bacterias con los genes de resistencia a la colistina, podrían evolucionar hacia una cepa de bacterias resistentes a todas las drogas que no tiene tratamiento.

¿Cómo se volvieron resistentes a la colistina las bacterias de E. coli en el cuerpo de la mujer en primer lugar? Aunque la colistina no se suele usar para tratar las infecciones urinarias por ser muy duro para el cuerpo, sí se usa mucho en la producción de alimentos de origen animal en China. Probablemente las bacterias se volvieron resistentes a la colistina dentro del ganado, no solo en China sino también en Europa y los EEUU, y después se diseminaron a los seres humanos a través de la carne contaminada y semicruda.

¿Qué se puede hacer para prevenir la posibilidad aterradora de bacterias que resisten todos tipos de antibióticos? Los científicos están trabajando para desarrollar nuevas medicinas que se puedan usar para tratar las cepas resistentes. Mientras tanto, tú puedes ayudar con la desaceleración del desarrollo de bacterias resistentes a los antibióticos, usando los antibióticos de manera correcta y solo cuando sea absolutamente necesario. No olvides tomar toda la dosis prescrita, aunque creas que ya estás totalmente mejor, y no compartas nunca los antibióticos con otras personas ni uses recetas sobrantes.