Entre la Espada y la Pared: La Elección entre Torres y Giammatei

Por: Fredy y Diana Pastor

Los resultados de la primera vuelta de las Elecciones Generales de Guatemala no fueron gran sorpresa. La candidata a la presidencia que encabezaba la mayoría de las encuestas, Sandra Torres Casanova, de la Unidad Nacional de la Esperanza, logró una amplia ventaja sobre su más cercano competidor Alejandro Giammattei, del partido VAMOS. Mientras que Giammattei apenas alcanzó seiscientos catorce mil votos, Torres se hizo con un millón ciento veintidosmil; casi el doble. Y aunque los resultados fueran los esperados, la estrategia que utilizó la UNE para muchos aún sigue sin explicarse totalmente. ¿Cómo es que la candidata “más odiada” por la opinión pública se hizo con el primer lugar en las elecciones generales de Guatemala, pese a tener investigaciones pendientes por vínculos con el narcotráfico?

Primero debemos recordar el camino del partido que propone a Sandra Torres: la Unidad Nacional de la Esperanza. Fundado en 2002 bajo la ideología de la socialdemocracia, postuló al año siguiente al ingeniero Álvaro Colom, como candidato presidenciable en las elecciones del 2003. Dicho sea de paso, Colom había contraído nupcias en febrero de ese mismo año. ¿La novia? Sandra Torres Casanova. Y aunque Colom perdiera las elecciones, cuatro años más tarde, en 2007, sí que llegaría a la presidencia. Es en el gobierno del 2007 al 2011 donde la figura de Torres empieza a destacarse. Bajo el lema de “Tiempo de solidaridad”, se desarrolla el consejo de Cohesión Social: una entidad impulsora de programas sociales en las áreas rurales. “Doña Sandra” como empieza a ser conocida en las  comunidades del interior, aprovechando el impacto social y mediático de los programas de asistencia económica, monta una plataforma política que le asegurara la presidencia en el período siguiente. Sin embargo, había una traba para la estrategia de Torres: el artículo 186 de la Constitución Política de la República que deja muy claro que los familiares del presidente, hasta el segundo grado de afinidad, no pueden optar al cargo. Torres, en un intento extremo para participar en la contienda electoral, llegó incluso a divorciarse del entonces presidente, Álvaro Colom. No obstante, ni la Corte Suprema de Justicia ni la Corte de Constitucionalidad ampararon su participación, por lo que quedó fuera de las elecciones del año 2011.

Sandra Torres en una campaña anterior. Foto: Flickr Elecciones Guatemala 2015.

Pero la UNE y Sandra Torres, a diferencia de casi todos los partidos de Guatemala que nacen, hacen propaganda y mueren (o mutan en otro partido para las próximas elecciones) habían ganado ya mucha experiencia en las campañas del 2003 y 2007, e incluso en la del 2011. Para la campaña de 2015 (en un marco atípico de elecciones) Sandra Torres, con el camino ya libre de prohibiciones se mantiene fiel a su estrategia: asegurarse el voto del área rural con la promesa de reactivar los programas de asistencia económica. Aunque finalmente la presidenciable de la UNE tuviera un revés y fuera Jimmy Morales quien ocupara el cargo, la llegada de Sandra Torres al Palacio Nacional parece cada vez más cerca.

Para la actual campaña, una de las principales estrategias utilizadas por la UNE y Sandra Torres son las alianzas con alcaldes que buscaban su reelección o candidatos ya bien posicionados. La ecuación es sencilla: el partido les respalda con una plataforma política conocida y ya consolidada para mantenerse o acceder al poder, y a cambio, la UNE se asegura el posicionamiento local invirtiendo mínimamente en la logística de organización comunitaria. La idea parece funcionar.

Para dar un ejemplo de lo anterior, en el departamento de Quetzaltenango, la Unidad Nacional de la Esperanza postuló candidatos a alcalde en diecisiete de sus veinticuatro municipios. De estos diecisiete candidatos, cuatro resultaron electos: Cabricán, San Juan Ostuncalco, Huitán y Palestina; y tres lograron ser reelectos: San Mateo, Colomba y Coatepeque. En cinco de los siete municipios donde la UNE logró la alcaldía, Sandra Torres también resultó la candidata presidencial con más apoyo.

De hecho podría decirse que fue casi en seis municipios, pues en el caso de San Mateo, la diferencia con el primer lugar a nivel presidencial fue a penas de diecisiete votos. Por el contrario, en los seis municipios donde la UNE no
propuso candidato a la alcaldía, la mayoría de apoyo fue para otros partidos. Algo muy similar ocurrió con los candidatos a diputados distritales, pues de nuevo, en cuatro de los siete municipios donde la UNE logró la alcaldía, el apoyo para los diputados del partido también fue masivo. A nivel nacional, el partido obtiene de momento 53
casillas a diputados (un tercio del Congreso), y más de cien alcaldías (sólo en Quiché obtuvo más de la mitad de las 21 alcaldías en donde había propuesto candidatos). Los datos podrían cambiar, ya que el TSE no ha dado resultados finales y tras las denuncias en fallas del conteo de votos, éstos podrían variar, más no en un número significativo.

Torres ganó adeptos a través de programas sociales en el gobierno de Colom. Foto: Flickr Gobierno de Guatemala.

Sandra Torres y la UNE parecen tener sus planes claros: le apuestan al “voto duro” en el interior del país, generado con promesas de programas asistencialistas. Al margen de la opinión de muchos medios de comunicación y las redes sociales, la campaña del partido se ha centrado en darles algo que perder a los que nunca han tenido nada, y bajo esa premisa, monopolizar el voto. El próximo 11 de agosto, Sandra intentará por tercera vez llegar a la presidencia de Guatemala y vencer a Alejandro Giammattei, quien por cuarta vez consecutiva se ha postulado (contando esta elección) como candidato a presidente.

La historia política de Giammattei comenzó años atrás de que se lanzara a la presidencia en el año 2007 con el partido de la Gran Alianza Nacional GANA. Giammattei, quien se graduó como médico y cirujano, fue incursionando poco a poco en instituciones públicas: trabajó en 1982 el Ministerio de Salud Pública, en el Tribunal Supremo Electoral como coordinador de las elecciones en 1985, 1988 1990 y 1991, en el Departamento de Transportes Públicos Urbanos de la Municipalidad de Guatemala en 1985 y en el Cuerpo de Bomberos Municipales en 1986. Posteriormente, fue gerente en la Empresa Municipal de Agua EMPAGUA en 1991 y Secretario Privado de la Vicepresidencia en 1993. Su interés en ocupar puestos públicos de mayor calibre comenzó con su lanzamiento a la alcaldía en los años 1999 y 2003, perdiendo en ambas ocasiones. Regresó a ocupar un cargo público como Director del Sistema Penitenciario en el 2005, el cual le daría “su boleto a la fama en la política” aunque no sin ciertas dificultades, ya que durante una operación para recuperar el control del centro penal Pavón, se le incriminó de cometer ejecuciones extra judiciales, ligándosele a proceso; no obstante, salió absuelto luego de permanecer 10 meses en prisión. Esto, le otorgó popularidad en la primera elección presidencial en la que participó, quedando en el tercer lugar.

Alejandro Giammattei y César Castillo campaña con partido VAMOS. Foto: Wikimedia Commons – Cocoriki.

En las elecciones del 2011, Giammattei volvió a postularse, pero no con la GANA sino con el partido Centro de Acción Social CASA; sin embargo, su popularidad ya se había enfriado, por lo que quedó en el penúltimo lugar. En el 2014, usó como plataforma política al partido Fuerza, pero tampoco ganó, y quedó en el cuarto lugar. Ahora, en el 2019, logró obtener el segundo puesto tal y como las encuestas lo posicionaban. Esto se debió en gran parte a que el Tribunal Supremo Electoral negó la inscripción de dos candidatas que contaban con el apoyo de mayorías: Zury Ríos, la hija del ex presidente Ríos Montt acusado de genocidio y Thelma Aldana, ex fiscal general del Ministerio Público que presentó las denuncias para que Pérez Molina fuera ligado a proceso. La anulación de la inscripción del candidato de Prosperidad Ciudadana, Edwin Escobar, también favorecería a Giammattei, pues los sondeos generales también situaban a Escobar entre las primeras posiciones. Con mucha probabilidad, parte de los votos destinados a Escobar mudaron hacia Giammattei, pues ambos candidatos se alineaban a una ideología de derecha conservadora.

La estrategia con la cual Giammattei logró una gran cantidad de votos, fue un tanto distinta a la de Sandra Torres, pero similar a la estrategia de “mano dura” que utilizó el ex presidente Pérez Molina (hoy encarcelado y bajo proceso). Giammattei prometió -como una conocida serie de televisión policial de Estados Unidos- “la ley y el orden” para Guatemala, y bajo ésta y otras premisas, ganó el voto urbano, como el de Guatemala y Sacatepéquez. Aunque Giammattei perdió en departamentos como Chimaltenango, Quetzaltenango y Sololá, la diferencia de votos hacia la UNE fue muy estrecha, en contraste con otros departamentos más rurales, en los cuales Torres logró una victoria arrasadora.

Otra de las estrategias de Giammattei ha sido recurrir a una serie de slogans “contagiosos” para que la gente se identifique con él y con el partido; en esta campaña sus carteles publicitarios iban acompañados de frases como “ahora si vamos en serio” o “vamos por una Guatemala diferente”. Anteriormente, utilizó frases como: “Los buenos somos más” o “Dios bendiga Guatemala”, lo cual llama la atención, pues el uso de frases sencillas puede tener un impacto grande en los votantes para crear una imagen ante ellos. Daniel Eskibel, consultor español en psicología política, menciona en un artículo de su página Maquiavelo y Freud: “Es difícil conocer la verdadera personalidad de los candidatos; se conoce su personalidad pública que es un porcentaje de la persona real, un porcentaje marketing, publicidad y comunicación, y otro porcentaje puesto allí por el propio cerebro de los votantes según sus deseos y necesidades. Giammattei pretende que los guatemaltecos lo vean como la solución al callejón sin salida, como un guatemalteco idóneo, capaz, y honrado, como él mismo afirmó de sí mismo en una entrevista con Fernando del Rincón, periodista de CNN en español.

Alejandro Giammattei. Foto: Wikimedia Commons.

Hay dos cuestiones que diferencian marcadamente la situación de Giammattei y Torres. La primera es que el partido VAMOS, no obtuvo tantas diputaciones como en el caso de la UNE (provisionalmente, se sabe que VAMOS logró 16 diputados y 35 alcaldías a nivel nacional). La segunda diferencia, es que Giammattei no sólo apostará por el voto de quienes lo eligieron, sino que tratará de ganar el voto de los indecisos. En un intento de proyectar una imagen de transparencia, Giammattei presentó recientemente a su equipo de gabinete, lo cual no es algo frecuente entre los candidatos a la presidencia; sin embargo, esto puede brindar un mayor nivel de confianza a quienes ya coinciden con su discurso y le dieron su voto en la primera vuelta, y así mismo, puede convencer a los “posibles votantes” que no necesariamente lo apoyaron en la primera vuelta, ni están totalmente convencidos con él, pero que pueden emitir un sufragio “pro Giammattei” como un voto de castigo o “anti Sandra Torres”.

A pesar de las diferencias, los candidatos también tienen cosas en común, como sus agendas económicas que promueven la generación de empleo, la inversión extranjera y el establecimiento de zonas francas. Además, tanto Sandra como Giammattei, no están de acuerdo con que la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) continúe en el país (ambos han sido señalados en casos denunciados por la Comisión). Ante la posición de varios guatemaltecos que han mencionado fraude electoral, los dos candidatos argumentan que no existió, y que el problema se debe a fallas técnicas de conteo de votos. Claro, tomando en cuenta que ambos lograron las primeras posiciones para pasar al balotaje, el reclamar fraude pondría en duda su triunfo, y eso, es arriesgarse a mucho considerando que, para quien pierda, podría ser la última vez en competir para la presidencia. Las cartas están sobre la mesa y el próximo 11 de agosto, se conocerá quién de los dos obtendrá la codiciada silla presidencial, luego de que ambos hayan (sin éxito y durante muchos años) tratado de alcanzarla.