Las iglesias y su poder político, económico y social en Guatemala

Murray Foubister

Por Diana Pastor

En Guatemala, la religión constituye un aspecto fundamental en la vida de la mayor parte de los guatemaltecos, y aunque las tendencias religiosas han cambiado a través del tiempo, son en la actualidad la iglesia católica y la evangélica quienes cuentan con el mayor número de seguidores. Según un estudio de Pew Research Center del año 2014, el 50% de los guatemaltecos se declararon como católicos y un 41% como evangélicos. Tan sólo un 3% de los entrevistados expresó contar con una afinidad religiosa diferente a las religiones anteriores, y un 6% expresó no tener afiliación a ninguna iglesia.

A partir de los datos anteriores, puede deducirse que tanto la iglesia católica como la evangélica representan dos grandes protagonistas en Guatemala, y que su fuerza y presencia territorial las ha convertido en entidades espirituales de notable importancia. No obstante, los hechos en la historia demuestran que ambas iglesias han desempeñado además de un rol evangelizador, un papel fundamental en situaciones políticas, económicas y sociales. Revisaremos y analizaremos algunos ejemplos concretos en donde ambas iglesias han ejercido influencia positiva o negativa según los acontecimientos en donde han intervenido.

27 de julio de 1981, Santiago Atitlán, Guatemala. El padre Stanley Rother es asesinado por el ejército guatemalteco cuando hombres armados irrumpieron en su parroquia, en horas de la noche. Su asesinato, no constituiría un hecho aislado. Junto a él alrededor de otros 20 sacerdotes más serían asesinados, y otros 200 abandonarían el país para ponerse a salvo. La guerra se le había declarado no sólo a la guerrilla y a numerosas comunidades indígenas, sino también a la iglesia católica.

Padre Stanley Rother.

Sin embargo, no siempre la iglesia católica fue considerada como un enemigo del Estado. Antes de la revolución de 1944, la alta jerarquía católica ostentó un amplio poder público, tal como lo expresa Edelberto Torres Rivas en su artículo La Restauración Conservadora: Rafael Carrera y el destino del Estado nacional en Guatemala. Torres explica: “La Iglesia fue gran propietaria de haciendas, ganado, casas y otras riquezas, al punto que era la mayor propietaria de esclavos”.  Por ello, no fue casualidad que, durante los años de la revolución, la iglesia católica viera limitados sus privilegios, y de ahí que apoyaran la contrarrevolución haciendo recomendaciones sobre la necesidad de eliminar el gobierno de Jacobo Árbenz a quien acusaron de ser comunista.

La posición de la iglesia pronto tendría que dar un giro inesperado con la llegada de la teología de la liberación y los conflictos armados, no sólo en Guatemala sino en otros países de América Latina. El papel de la iglesia católica pasó de ser conservador y pasivo a promover la reivindicación del sector indígena, de los pobres y los marginados. La educación, la alfabetización y la organización fueron elementos importantes en el quehacer de muchos religiosos católicos en comunidades mayas pobres. Por su defensa a los derechos humanos y su apoyo y protección a los perseguidos por el ejército, muchos sacerdotes fueron asesinados (como el caso de Rother) y la teología de la liberación fue considerada sinónimo de revolución y subversión.

Durante este proceso de persecución hacia fieles y sacerdotes católicos, las iglesias evangélicas adquirieron mayor protagonismo en Guatemala, elevando su porcentaje de seguidores de un 19.10% a un 30%. Para muchos sobrevivientes de la guerra, los beneficios que dichos movimientos evangélicos les proveían frente a su situación de pobreza y persecución fueron motivos suficientes para convertirse de católicos a evangélicos.

En el libro Protestantismo en Guatemala, Garrard-Burnett explica que las iglesias evangélicas usaron sus conexiones con iglesias en Estados Unidos para financiar proyectos de desarrollo y conversión después del terremoto de 1976.

 

Además, la simplicidad en cuanto a la adquisición de liderazgos fue otra de las razones por las cuales las personas sintieron una relación más personal con la iglesia evangélica, a diferencia de la iglesia católica. No se necesitaba ser un sacerdote reconocido para convertirse en dirigentes de la iglesia, el poder estaba más al alcance de la mano y la teología de la prosperidad (en la cual están basadas varias de estas iglesias evangélicas) encontró tierra fértil para su florecimiento a medida que el sistema de vida capitalista fue estableciéndose cada vez más.

La teología de la prosperidad promueve un estilo de vida donde el bienestar financiero individual, el éxito y el reconocimiento son elementos importantes para vivir bien. Ejemplo de ello es la construcción de mega iglesias, o la cuantiosa cantidad de diezmos, cuyos fines o paraderos son raramente cuestionados. En muchos de los casos, no existe un control para evidenciar que el dinero se maneja de forma totalmente transparente, y la administración de estos fondos queda exclusivamente en manos de los pastores o líderes de las iglesias, quienes manejan o no el dinero para beneficios de sus fieles.

El más reciente caso de Efraín Avelar, hijo del pastor Efrían Avelar, ex dirigente de la iglesia Bethania en Quetzaltenango y acusado de fraude fiscal por medio de una empresa que funcionaba dentro de esa iglesia, demuestra que existe la oportunidad de cometer hechos ilícitos por el poco control de los ingresos que reciben las iglesias. Por el momento, Avelar, aún se encuentra prófugo de la justicia.

A pesar de lo anterior, la iglesia evangélica ha sido fundamental para cambiar la vida de varias personas al encontrar por medio de ella “sanidad, consuelo y liberación”, mejorando así sus relaciones personales, familiares y sociales, ya que el pertenecer a la iglesia evangélica ha supuesto una reinserción en la sociedad. Por ejemplo, la reducción del problema del alcoholismo tiene una estrecha relación con la conversión de personas a la religión evangélica. En una conversación con un dirigente de uno de los grupos de alcohólicos anónimos en Quetzaltenango, éste manifestó que la mayor parte de personas que se acercaron a dicho grupo lo hicieron posterior a integrarse a una iglesia evangélica.

Es decir que el grupo de AA se utilizó como un complemento para dejar su adicción y que, en la mayoría de casos, la voluntad de dejar el alcoholismo no habría estado presente de no haberse involucrado en estas iglesias. Lo mismo ha ocurrido con ex pandilleros, quienes, según sus testimonios, el acercarse a Dios a través de grupos evangélicos, supuso una oportunidad para dejar estos grupos criminales.

Uno de los últimos temas en donde tanto la iglesia evangélica como católica se han involucrado y han ejercido influencia es la discusión sobre la planificación familiar y la educación sexual en Guatemala. En el año 2005, el Cardenal Rodolfo Quezada Toruño se pronunció en contra de la Ley de acceso universal y equitativo de servicios de planificación familiar y su integración en el programa nacional de salud reproductivo. La ley fue vetada algunos días después, lo que supuso la pérdida de una oportunidad para controlar la explosión demográfica guatemalteca de los últimos años.

Lo mismo ocurrió también durante el 2016 y principios de este año, cuando tanto la Conferencia Episcopal de Guatemala CEG como la Alianza Evangélica demostraros su rechazo a la iniciativa de la Ley de la Juventud, la cual promueve y garantiza a los jóvenes una salud integral y diferenciada, así como educación integral en sexualidad. Ambos grupos calificaron de peligrosa la iniciativa, promotora del libertinaje y un retroceso para el del desarrollo en el país.

Como vemos, la participación de dichas iglesias no se ha limitado al terreno de lo espiritual y ambas han ejercido influencia de manera social, política y económica en la vida de los guatemaltecos. Su intervención depende y seguirá dependiendo del control y autoridad que la población les conceda, así como de la regulación e importancia que el Estado les brinde a sus pronunciamientos en cuanto a las decisiones que se tomen en Guatemala.

Foto de portada: Iglesia en San Pedro la Laguna, Sololá. Foto por Murray Foubister.