Comunidades sin fronteras: Influencia del país de origen y diásporas

paulino- agricultor

 Por paulino- agricultorLaurel Carlton

Una ‘comunidad’ puede ser creada por cualquier identidad colectiva, basada en experiencias compartidas, valores, creencias, intereses, recursos o necesi­dades. Mientras que una misma locali­zación o la proximidad geográfica pueden ser algunos de estos factores, la nuevas tecnologías y la migración global promueven diferentes formas de comunidades transnacionales, como en el caso de las ‘diásporas’.

El término ‘diáspora’ ha sido usado tradicionalmente para describir grupos de personas desplazadas de su país de origen, como la diáspora judía que se formó desde Europa, o la africana impulsada por el comercio transatlántico de esclavos. El término se usa hoy en día más ampliamente para referirse a cualquier grupo que:

1) comparte nacionalidad o etnia desde su país de origen,

2) vive en un nuevo país de acogida,

3) mantiene alguna separación cultural con su nuevo país.

De manera significativa este último punto distingue las diásporas de otros grupos migratorios: aunque muchos se identifiquen con su nuevo país de muchas formas, los grupos diáspora mantienen una identidad cultural diferente que los asocia a su país de origen. ‘Chinatowns’ (Barrios chinos), ‘Little Havanas’ (Pequeñas Havanas), ‘Koreatowns’ (Barrios coreanos), ‘Little Italies’ (Pequeñas Italias), ‘Little Manilas’ (Pequeñas Manilas) y ‘Los Barrios’, que en Europa y América del Norte reflejan estos fenómenos.

En su libro “Diásporas Globales” (2008), Robin Cohen identifica otros elementos que normalmente caracterizan a las comunidades diáspora, incluyendo ‘una fuerte consciencia de grupo sostenida durante mucho tiempo y que se basa en peculiaridades, una historia común, la transmisión de una herencia religiosa y cultural compartida y la creencia de un destino común’. Además, los miembros de una diáspora normal­mente demuestran una ‘idealización de un hogar ancestral real o imaginario y un compromiso colectivo para su mantenimiento, restauración, seguridad y prosperidad, incluso para su creación’. Por último las diásporas crean comuni­dades transnacionales: sentimiento de ‘empatía o responsabilidad compartida’ que existe habitualmente entre las personas de la misma etnia o naciona­lidad cuando viven en otros países.

Las identidades fuertes e idealizadas que unen a las diásporas con sus países de origen a veces se transforman en compro­misos profundos con los problemas del país en cuestión. De hecho, muchas d i á s p o r a s juegan un rol fundamental en materias econó­micas y políticas de sus países de origen.

Algunas, como las diásporas guatemal­tecas y mexicanas, hacen contribuciones importantes a la economía de sus países a través del envío de dinero a sus familias, que además de dar un importante apoyo a sus familiares, lo hace también con la economía nacional. Según el Banco Inter Americano de Desarrollo, Guatemala es el segundo país que recibe más dinero del extranjero en las Américas, en 2012 recibió aproximadamente 4.8 mil millones de de dólares, lo que representa más del 10% del producto interior bruto del país.

Las diásporas además mantienen ataduras con sus países de origen a través de donaciones voluntarias para causas solidarias, como los guatemal­tecos viviendo en los Estados Unidos y que apoyan proyectos de desarrollo en Guatemala. Este ‘altruismo de diáspora’ puede ser especialmente importante durante desastres naturales, como demostraron los esfuerzos de recau­dación de fondos de la diáspora filipina en respuesta al tifón Hauyan, que afectó a Filipinas en noviembre de 2013. … Viene de la página 12

Más allá del apoyo financiero, las diásporas también han jugado un papel fundamental formando políticas. Como se explicó en un estudio de la Universidad de Oxford por Steven Vertovec en 2005, ‘diferentes asociaciones diáspora de base pueden presionar a sus países de origen (para crear políticas a favor de su país o para desafiar a los gobiernos de sus países), influenciarlos ( a través del apoyo o la oposición a sus gobiernos), dar apoyo financiero o de cualquier otra clase a partido políticos, movimientos sociales, organizaciones civiles, o apoyar actos terroristas y el mantenimiento de conflictos violentos en sus países natales.’

Por ejemplo, las diásporas han ejercido una gran influencia en conflictos violentos dentro de sus países de origen, dando al ejército apoyo financiero, armas y ayuda en el reclutamiento. La diáspora Tamil proporcionó apoyo financiero y organizativo a los Tigres de Tamil durante la guerra civil en Sri Lanka entre 1983 y 2009, diásporas de Eritrea y Etiopía tomaron partido durante la guerra entre ambos países de 1998 a 2000. En el libro ‘The Ghosts of Medak Pocket’, Carol Off explora el rol que la diáspora croata jugó cuando apoyó la elección en 1990 del presidente nacionalista Franjo Tudjman, así como la estrategia durante la guerra por la independencia de Croacia. Off describe como los croatas en Canadá estaban ‘obsesionados con los sucesos de su recién estrenado país independiente’, y recogieron fondos juntos con otras diásporas croatas en otros países, aproximadamente de 15 a 50 millones de dólares para la guerra. Algunos volvieron para luchar, mientras que otros presionaron desde el extranjero, ejerciendo influencia sobre las decisiones en Europa y Estados Unidos para reconocer a Croacia como un Estado independiente. Miembros de la diáspora croata ocuparon 120 de los espacios parlamentarios en la nueva Croacia independiente.

Las diásporas pueden también jugar papeles fundamentales en la creación de nuevas políticas en sus países de origen. Por ejemplo, según un artículo la revista ‘Foreign Policy’ escrito por Reza Marashi, director de investiga­ciones en el Consejo Iraní Americano, los disidentes iraquíes-americanos y exiliados, activamente presionaron al gobierno de Estados Unidos para llevar a cabo acciones agresivas contra Sadam Hussein y su régimen, acciones que culminaron con la guerra de Irak en 2003. Por otro lado, Marashi sugiere que los disidentes iraquíes también ejercieron un rol importante promo­viendo unas relaciones más pasivas y no militares entre USA-Irán.

Redes globales de diásporas a veces organizan manifesta­ciones para concienciar e influenciar políticas y decisiones sobre ciertos temas domésticos en sus países natales. Por ejemplo, cuando las fuerzas de seguridad turcas capturaron al líder Kurdo Abdullah Ocalan en 1999, la diáspora kurda organizó manifestaciones masivas reclamando su liberación en 17 países diferentes. En 2008 y 2009 la diáspora Tamil organizó protestas en países tan variados como Australia, Estados Unidos, Alemania, Canadá, India, Dinamarca, Holanda y Malasia, en contra del gran número de víctimas civiles en la guerra civil de Sri Lanka, pidiendo a los líderes globales que negociarán un alto al fuego. Más recientemente, en febrero de 2014, la diáspora venezolana organizó manifes­taciones en Canadá, Estados Unidos, España, Francia y la Ciudad del Vaticano, en apoyo de las protestas en Venezuela por los altos índices de violencia, crimi­nalidad, inflación y la escasez de bienes básicos.

Las comunidades diáspora seguirán jugando este papel importante dando forma a muchos conflictos contempo­ráneos. Como por ejemplo, durante los cuatro meses de protestas en Ucrania que llevaron a la caída del presidente Viktor Yanukovych a finales de febrero de 2014, la diáspora ucraniana dió apoyo directo a los movimientos de protesta, recaudando dinero y presionando a los gobiernos en sus nuevos países. El gran tamaño de la diáspora ucraniana indica que continuará su influencia en el desarrollo de Ucrania: de acuerdo con el Congreso Ucraniano de base en Toronto, unos 20 millones de ucranianos viven en el extranjero, en contraste con los 46 millones que lo hacen en el país.

Muchos países han elaborado políticas para crear una unión con sus diásporas , dando a estas comunidades potencial de influencia económica y política. Muchos estudios han mostrado que las diásporas con individuos de doble nacionalidad se unen más a sus países de origen; Serbia, Israel, Argentina, Bangladesh y Brasil, están entre estos Estados que permiten la doble nacionalidad. Otros países se acercan a sus diásporas direc­tamente, a través de oficinas guberna­mentales específicas que manejan las relaciones con estas comunidades, como el Departamento Somalí de Asuntos de Diáspora, el Programa de Apoyo al Emigrante Irlandés o el Ministerios de Empleo, comercio, Industria y Asuntos de Diásporas en República Dominicana.

Últimamente, los compromisos ‘diásporas’ con sus países de origen afectan profundamente a las relaciones internacionales contemporáneas. Sus impactos sociales, culturales y econó­micos a largo plazo están aún por ver, pero es claro que aunque cada diáspora tiene raíces es sus respectivas etnias y nacionalidades, son realmente comuni­dades transnacionales sin fronteras.

Laurel Carlton vive en Otawa, Canadá, y trabaja como investi­gadora de el sector de las ONG.