Violencia contra la M

La violencia intrafamiliar en México sigue siendo una realidad

Leidy Yareth González Romero

En México, es común que entre amigas, conocidas o familiares se converse acerca de las problemáticas en el hogar de una manera tan común que no se percibe como violencia. Escuchar a mujeres que mencionen las siguientes frases: “hoy mi esposo me aventó el control del televisor porque se enojó cuando le cambié al canal”, “hoy mi esposo y yo tuvimos relaciones sexuales, pero yo no quería”, “Rodrigo me dijo que si llegaba del trabajo y no encontraba la comida lista me las iba a ver con una buena tunda” refleja cómo la violencia se ha convertido en algo cotidiano en el país.

Infografía OMS

De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2016, 1 de cada 3 mujeres a nivel mundial había experimentado violencia psicológica y sexual por parte de su pareja. De manera específica, en América Latina la violencia contra las mujeres continúa con índices alarmante que representan una amenaza para su desempeño personal y social.

En México, se estima que 3 de cada 10 mujeres han sido víctimas de violencia física dentro del hogar. Esta realidad demuestra que, durante la cuarentena, la intensificación de la violencia intrafamiliar se volvió un foco rojo. Durante este tiempo las víctimas pasan un largo tiempo a lado de sus agresores.

Anteriormente, debido al trabajo, el agresor salía de casa a trabajar o realizar alguna otra actividad; sin embargo, por el periodo largo de confinamiento ahora se convive con él y con su estrés, sus insultos, su humillación y las amenazas; además muchos de los agresores se desentienden de su responsabilidad como padres más no como jefes de familia.

En diversas ocasiones, los integrantes de la familia han sido partícipes en el ejercicio de la violencia intrafamiliar; aunque en la mayoría de casos es el hombre quien realiza este rol. Muchas veces, las mujeres tienen que aislarse y esconderse junto a sus hijos en el lugar “más seguro de la casa”, para que el agresor no las encuentra y los golpee.

Foto: Rudyanto Wijaya

La Secretaría de Gobernación, a través del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, tiene registrado que 9 de cada 10 personas que son violentadas en el hogar son mujeres; una de cada 4 es testiga de actos violentos contra otras mujeres. Así mismo, el 66% es agredida mediante violencia física y 22% por violencia psicoemocional.

En algunos casos, las mujeres también pueden ejercer el rol de agresoras; sin embargo, no suele ser tan común, y el porcentaje de hombres agresores es mayor, aunque eso no significa que nunca suceda al revés. En casos específicos, es la mujer quien maltrata o violenta al hombre de forma emocional, física, sexual y psicológica.

La violencia intrafamiliar afecta profundamente a las mujeres, pero también a las niñas y niños que se exponen a constante peligro en lugares donde supuestamente deberían de estar a salvo. En ocasiones, los actos de violencia física, psicológica, verba y emocional son contra las mujeres y sus hijos; no obstante, aunque sea sólo la madre contra quien se comete éste delito, se irrespeta la vida de todos los miembros de la familia, privándolos de una vida con dignidad.

Foto: Romolo Tavaki

Es sumamente importante evaluar las medidas realizadas tanto por instituciones de gobierno como de colectivos y organizaciones no gubernamentales para la protección efectiva a las mujeres y sus hijos. Lamentablemente la visibilización de los actos aún es nula o no aceptada por parte de la víctima o del agresor en la mayor parte de los casos; sin embargo, es necesario continuar trabajando en acciones que disminuyan esta problemática.

En primer lugar, la persona que lleva el rol de víctima, debe de darse cuenta de la violencia que están ejerciendo sobre ella, es válido reconocer que necesitan ayuda y que deben de hacer lo posible para poder salir de una vida llena de violencia; en segundo lugar, debe vivir sin miedo, enfrentar aquellas acciones que la están consumiendo día a día, y por último reconocer y denunciar a quien la este violentando, tener la fuerza necesaria para que tenga el valor de denunciar a pesar de que sea su pareja o hijos.

Así mismo es de suma importancia que las instituciones, comisiones de derechos humanos y sociedad civil, sean partícipes de acciones como talleres, apoyo jurídico y capacitaciones en temas de derechos humanos y violencia y que sea hacia todos los grupos poblacionales: hombres y mujeres, niños y niñas, para un fomento de una vida sin violencia en el hogar. Desde la escuela también es necesario tener la apertura de programas o currículos donde los niños puedan aprender a respetar y controlar sus emociones. En una cuestión integral, que conlleva esfuerzos y tiempo, pero que puede darnos como resultado una sociedad más sana y donde se respeten los derechos humanos.

Creditos foto de Portada: Rudyanto Wijaya