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Una tragedia de la que no se habla

Vidas silenciadas, una tragedia de la que no se habla, es un estudio de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), que expone la vinculación entre el suicidio y el embarazo en mujeres adolescentes. Se presentó por primera vez en agosto de 2019 y en el 2021, se produjo la segunda edición. 

Esperanza era una adolescente de 16 años, vivía en un hogar con muchas precariedades, pero eso no le impedía esperar con ilusión la graduación del diversificado. La graduación llegó, pero ella no estuvo, ingirió phostoxin (un fumigante para controlar plagas en granos almacenados) y se suicidó cuando tenía ocho meses de embarazo. Se presume que el padrastro la violaba y es el padre de su hija. La niña sobrevivió, tiene daño cerebral, no habla y su desarrollo motriz es limitado. 

El suicidio de Esperanza, no es el único. Flor, tenía 15 años cuando se colgó con un lazo de una viga del cuarto en el que vivía con sus padres. Tenía siete meses de embarazo, no se le notaba, las personas cercanas no saben quién era el padre del bebé. Recuerdan que le gustaba un profesor de gimnasia que ya no trabaja en la escuela. La quinceañera estudiaba tercero básico y quería ser maestra o enfermera. 

Nadia era una estudiante de tercero básico, una joven q´eqchi´, sobrevivía a la pobreza y a las consecuencias de la violencia sexual. El cuñado, esposo de su hermana mayor,  la violó y embarazó. Nadia nunca contó lo que había sufrido, hasta cuando decidió suicidarse, el agresor la amenazó con matar a la hermana. Antes de envenenarse fue con un curandero para abortar, pero se siguió sintiendo mal y se suicidó. Su caso fue denunciado al Ministerio Público, pero la denuncia se desestimó porque “no hay delito que perseguir”. 

Esperanza, Flor y Nadia, nacieron en Guatemala, sus historias son parte del estudio que expone la relación entre el suicidio y el embarazo no deseado, no planeado o forzado. “El suicidio es una tragedia que necesita darse a conocer para que salga del ámbito privado y sea reconocida como una problemática social”, cita el documento. 

El suicidio asociado al embarazo es aquel que ocurre durante la gestación y hasta un año después del posparto. El estudio menciona que una adolescente embarazada tiene un riesgo de suicidio hasta tres veces mayor que las adolescentes no embarazadas, debido a la exposición a la violencia, el estigma, la violencia sexual, la falta de alternativas frente a la interferencia en sus proyectos de vida y la penalización del aborto. 

Además, los embarazos derivados de la violencia sexual interrumpen los planes y proyectos de la vida de la mujer. Esto provoca la presencia de ansiedad, desesperación, sensación de estar encerrada sin salida. Se suma la depresión que generalmente acompaña estos embarazos, afecta negativamente la salud integral y la calidad de vida, limita el desarrollo de sueños, estudios y posibilidad de trabajo. Así se genera un escenario de riesgo para la idea de un suicidio.

Emma López, integrante del Programa de estudios y género de FLACSO, relata que la problemática ha sido silenciada, pues no en todos los espacios se puede hablar sobre el suicidio a causa de los tabúes que le rodean. De los 14 casos que son parte del estudio, ocho reflejan indicios de violencia sexual. “No existe un seguimiento para buscar justicia en estos casos, con la muerte fallece toda posibilidad de prueba para ajusticiar”, explica Emma. 

El estudio también muestra que, aunque la muerte materna por suicidio está reconocida internacionalmente, el Ministerio de Salud en Guatemala aún no implementa un sistema de registro para estos casos. 

“¿Quiénes están hablando e investigando sobre esto?, ¿cuál es la formación que se brinda a estudiantes universitarios de medicina, psicología y psiquiatría?. También, hay recomendaciones para el ministerio de agricultura, porque una de las formas más comunes de suicidio en las adolescentes es por envenenamiento, por usar phostoxin, más conocida como la pastilla para curar maíz, ¿cómo se regula ese acceso?. En la mayoría de casos las víctimas eran estudiantes activas, así que la pregunta para el Ministerio de Educación es, ¿cuál es la respuesta que se podría dar a través de la educación integral en sexualidad?, por ejemplo”, dijo Emma.