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¿Qué son los estudios feministas y de género?

¿Qué son los estudios feministas y de género?

Por Alba Cecilia Mérida

En una jornada académica de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) en Quetzaltenango, se hicieron varios planteamientos sobre a qué responder o qué resultados tener, lo que me llevó a mis lecturas favoritas, de lo que he aprendido y me ha servido de guía de trabajo como investigadora.

Me refiero al artículo ¿Existe un método feminista? de Sandra Harding filósofa americana que ha trabajado sobre la teoría feminista postcolonial, la epistemología, la metodología de investigación y la filosofía de la ciencia.

En su texto ella nos plantea una cuestión profundamente incómoda a la que nos enfrentamos muchas de nosotras cuando otros y otras colegas deslegitiman nuestro trabajo y nos preguntan ¿qué es eso de los estudios de género? ¿existe una metodología feminista para hacer investigación?

Aunque Sandra Harding, podría afirmar categóricamente que sí existe un método feminista para hacer investigación, se abstiene de hacerlo y lo que nos ofrece para la reflexión son tres características que deben de tener los estudios que hacemos para llamarse estudios feministas:

El primero es: Nuevos recursos empíricos y teóricos: las experiencias de las mujeres como fuente de conocimientos, el segundo: Nuevos propósitos para las ciencias sociales: estar a favor de las mujeres y el tercero: Nuevo objeto de investigación: situar a la investigadora.

Para comprender la primera característica definida por Harding es necesario recordar que quienes nos formamos en las ciencias sociales y en todas las ciencias, y en todos los campos del conocimiento social nos topamos con el o los paradigmas del conocimiento occidental y del conocimiento androcéntrico, es decir, nos enfrentamos a la universalización del sujeto político desde la homogenización y la jerarquización de las culturas, en esto ha contribuido, por ejemplo, en sus orígenes la antropología que utilizó los rasgos fenotípicos de los hombres y mujeres de los pueblos invadidos para clasificar a los pueblos en inferiores y superiores. Cuestiones como esta han conducido a la antropología y a otras disciplinas sociales a legitimar el poder de unas sociedades sobre otras y a imponer ideas y explicaciones sobre lo que son los pueblos invadidos y colonizados, por ejemplo.

El conocimiento occidental que se remonta a la antigua Grecia, hasta alcanzar a los pensadores de la Ilustración, el siglo de la luces, la modernidad, hasta el día de hoy han construido sus explicaciones e interpretaciones filosóficas y académicas del mundo teniendo como referente al hombre y lo masculino, de ello su carácter androcéntrico, pero no se trata de cualquier hombre, sino de aquel que es blanco, burgués, que tiene poder político y por supuesto una mujer y unos hijos que son de su propiedad y que le permiten asegurar la propiedad privada, que a la vez está protegida por el Estado y los gobiernos, hasta alcanzar la configuración del capitalismo y el patriarcado que configura el mundo que conocemos y habitamos hoy.

Para mantener la hegemonía sobre el mundo desde el capitalismo y el patriarcado, además de que exista Donald Trump, han tenido que operar dos cuestiones fundamentales a favor de la dominación masculina (como lo plantea Pierre Bourdieu) y la dominación capitalista como modelo económico (como lo plantea Federico Engels, Rosa Luxemburgo, Silvia Federici): la primera es borrar la diversidad de los pueblos y la segunda ha sido invisibilizar a las mujeres y estigmatizar como negativo e inferior lo femenino y sus significados.

Es aquí donde adquiere relevancia lo dicho por Sandra Harding: la experiencia de las mujeres es fuente de conocimiento y a develar esto, es a lo que han contribuido los estudios feministas y de género. (El género es una categoría de análisis que forma parte del cuerpo teórico del feminismo).

Esta primera característica se refiere a qué tipo de preguntas formulamos cuando iniciamos una investigación. Desde las ciencias sociales tradicionales se formulan únicamente preguntas que plantean problemas desde las perspectivas de las experiencias sociales de los hombres.

El tipo de preguntas que hacemos define el tipo de problema de investigación que planteamos “un rasgo distintivo de la investigación feminista es que define su problemática desde la perspectiva de las experiencias femeninas y que también emplea estas experiencias como un indicador significativo de la “realidad” contra la cual se deben de contrastar las hipótesis”.

Aportes para el cambio social 

Esta característica interpela dos de los postulados más viejos de la ciencia positivista, el primero es la cuestión del individuo y la segunda la cuestión de la objetividad. La primera nos ha llevado a planteamientos como “el problema de la mujer” sin percibir el conjunto de relaciones sociales, políticas, económicas y culturales de un problema que es social e interrelacional y no de una mujer, aquí también está explícita la cosificación de la mujer como concepto y práctica, perdiendo de vista que lo que existe son las mujeres en sus más diversas connotaciones y particularidades. De ello nuestra demanda política de nombrarnos desde la pluralidad y desde la diversidad de mujeres que somos.

La segunda característica se refiere a ¿qué hacemos con los resultados de la investigación social que producimos? Por supuesto, siempre esperamos que los resultados de la investigación contribuyan a generar cambios sociales, pero sí desde su diseño metodológico, marco teórico, recogida de información, análisis, síntesis y conclusiones no están las experiencias, voces, miradas y propuestas de las mujeres, no va a pasar nada nuevo, ni transformador, al contrario, los estudios van a legitimar las relaciones desiguales de poder establecidas en todos los ámbitos de la vida.

Para mí otro de los problemas es cuando decimos que hacemos investigación con perspectiva de género, pero eso se reduce a sumar mujeres; pero no tenemos preguntas metodológicas específicas, ni técnicas de investigación, ni las herramientas analíticas para identificar el significado de lo que nos están narrando las entrevistadas y aquí entra en juego el paradigma de lo cualitativo y en el mejor de los casos la triangulación de métodos.

Por ejemplo, durante muchos años me dediqué a contabilizar cuántas mujeres han sido electas para ocupar cargos de elección popular para los gobiernos municipales y el congreso de la república. Los resultados cuantitativos mostraron las brechas, la asimetría, la exclusión de género en la política formal.

Ahora tengo años de dedicarme a trabajar estadísticas de violencia en contra de niñas, adolescentes y mujeres y los datos muestran cómo el sistema patriarcal necesita de la violencia para ejercer control y dominación sobre las mujeres.

En la investigación que recurre a los datos cuantitativos estos deben de servir para explicar las causas de los problemas y los modos en que se producen y reproducen las exclusiones y violencias basadas en relaciones de poder desiguales.

Desde un enfoque feminista se espera que los resultados de investigaciones de este tipo estén a favor de las mujeres, contrario a lo que pareciera decirnos la lógica, deben de estar encaminados a la desestructuración de relaciones de poder desiguales y de imaginarios sociales patriarcales, pero esto no se logra si lo que concluimos es solo que las mujeres debemos conocer nuestros derechos o impulsar las cuotas de participación política o acciones afirmativas. De hecho, todo esto lo hicimos y por eso es que estamos aquí. Pero todavía hace falta mucho para lograr que cambien las estructuras mentales de dominación (imaginarios sociales) o las estructuras elementales de la violencia, como propone Rita Segato. 

En concreto lo que hay que cambiar es la ideología masculina de la dominación que se produce desde las instituciones sociales y se reproduce a través de la socialización de los sujetos y desde las prácticas sociales cotidianas de hombres y mujeres.

Identidad y resiliencia 

Tercera característica, nuevo objeto de investigación, situar a la investigadora como conocimiento situado. Esta característica se relaciona con la objetividad. Desde la investigación tradicional se nos dijo que debemos ser objetivas frente al objeto de estudio, mantener la objetividad frente a los hallazgos de la investigación y que nuestro mundo no tiene nada que ver con lo que estudiamos. Harding, nos anima a comprender que la clase, la raza, la cultura, las presuposiciones en torno al género, las creencias, y los comportamientos de la investigadora y del investigador deben de ser colocados en el marco de lo que vamos a investigar.

No podemos despojarnos de nuestros marcos de identidad al momento de adentrarnos a las realidades de las mujeres, si así lo hiciéramos cómo vamos a comprender, explicar y dolernos de la violencia sexual que se ejerce en contra de bebes de menos de un año, por ejemplo.

Sobre lo que he expuesto, compartirles que mi experiencia como antropóloga, investigadora y defensora de derechos y del territorio ante el extractivismo, siempre ha estado sostenido en la lectura, en adentrarme en trabajo comunitario y en mi activismo; y esto me lleva a reconocer el trabajo académico, ético y político de compañeras, amigas, colegas guatemaltecas que han abierto caminos para la antropología en general y la antropología feminista en particular. Mirna Mack, Walda Barrios-Klee, Claudia Dary, Ana Cofiño, Yolanda Aguilar, Emma Chirix, Irma Alicia Velásquez, Mercedes Oliveira.

Me siento muy satisfecha porque sé que lo que he aportado está sostenido en el hacer con otras y otros. Sé que cuando me piden que haga algo, ese algo está sirviendo para cuestionar y contener las opresiones, porque todo está conectado a través de lo social, lo político, lo económico, lo cultural y en todo estamos las mujeres. Trato siempre de que mis conclusiones y recomendaciones vayan a la raíz de los problemas y no sobrecargar a las mujeres como las responsables de cambiar su situación de opresión sin cambiar las condiciones que permiten las opresiones múltiples. Es decir, no se puede erradicar la violencia en contra de las mujeres, sin preguntarnos en cómo hacer para que dejen de existir perpetradores sexuales y las condiciones que los protegen y fomentan la violencia sexual.

Esto me lleva, al último punto de mi reflexión: he aprendido que nombrarme como feminista y desde ese lugar actuar, ha significado (lo mejor que he podido) entender la historia, los contextos y coyunturas; contrario a las ideas que pregonan que los feminismos y las feministas somos estancos aislados de la realidad; para nosotras ha significado afirmar que somos parte del todo y reclamamos el reconocimiento de eso, y también ha significado un doble esfuerzo intelectual y político, por un lado, entender el devenir de los fenómenos sociales y por otro construir nuestras propuestas emancipatorias.

Debemos valorar el aporte de los estudios que se han realizado desde un enfoque claramente feminista que se nutre de teoría, metodología y praxis social desde el feminismo o los feminismos y la teoría de género.

A todas las investigadoras les digo; es importante que compartas tu experiencia, que te adentres en tu campo de estudio empleando teoría y metodología feminista, compartiendo algunas conclusiones o nuevas líneas de indagación abiertas para profundizar desde la antropología en cómo se produce y reproduce la violencia patriarcal. Enfatizar en tu propio trabajo de investigación y sus aportes a la acción política y/o movilización social para visibilizar, cuestionar y demandar la erradicación de la violencia en contra de las mujeres.

Alba Cecilia Mérida. Feminista/Antropóloga/Defensora del territorio Quetzaltenango.

Edición 142, abril/mayo 2025