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El amanecer de los pueblos: democracia, territorio y juventud en Guatemala

El amanecer de los pueblos: democracia, territorio y juventud en Guatemala

POR OXFAM

En 2023, Guatemala vivió un momento que muchos llamaron histórico. Autoridades indígenas y comunidades enteras se movilizaron para defender los resultados electorales y exigir respeto al orden constitucional. No fue solo una protesta: fue una lección de democracia, como plantea Romeo Tiu López en El amanecer de los pueblos, un documento elaborado con el apoyo del Rockefeller Brothers Fund, Oxfam en Guatemala.

En este documento se aborda cómo este levantamiento evidenció que los pueblos indígenas no son actores marginales, sino protagonistas en la defensa de los derechos humanos y la vida democrática del país.

Pero ¿qué significa democracia para los pueblos indígenas? No se trata únicamente de votar cada cuatro años. En muchas comunidades, la democracia se vive todos los días a través de asambleas, consultas comunitarias y sistemas de cargos que funcionan como un servicio al bien común.

Las autoridades electas en las comunidades no gobiernan para enriquecerse, sino para servir. En lugares como Totonicapán y Sololá, las decisiones importantes se toman colectivamente y las autoridades responden ante su comunidad, no ante intereses partidarios.

 

Créditos: Agencia Ocote. Manifestación pueblos indígenas, Guatemala.

Esta forma de organización tiene raíces profundas. Antes de la invasión europea, los pueblos originarios ya contaban con sistemas propios de gobierno basados en el parentesco, la experiencia de los mayores y el equilibrio con el territorio. Sin embargo, la historia oficial invisibiliza estos sistemas y los reduce a simples “costumbres”. La imposición del modelo de Estado-nación dejó a los pueblos indígenas fuera de la construcción de la democracia moderna, limitando su participación al voto, muchas veces sin representación real.

Uno de los derechos más importantes en esta lucha es el derecho al territorio. No se trata solo de tierra como propiedad, sino como espacio de vida, cultura, idioma, espiritualidad y organización social. Las tierras comunales, son el corazón de la vida colectiva. Sin embargo, han sido históricamente despojadas o codiciadas por intereses económicos vinculados a proyectos extractivos, hidroeléctricos o monocultivos.

Frente a estas amenazas, las consultas comunitarias se han convertido en un mecanismo clave. Basadas en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), estas consultas expresan el derecho de los pueblos a decidir sobre proyectos que afectan su territorio. Aunque el Estado muchas veces ha ignorado estos procesos, las comunidades los han sostenido como una práctica legítima de participación y autodeterminación.

Este momento histórico plantea preguntas urgentes: ¿qué tipo de democracia queremos? ¿Una que funcione sólo en el papel, o una que garantice vida digna, igualdad y participación real? La experiencia de los pueblos indígenas demuestra que es posible construir formas de gobierno más horizontales, con alternancia, rendición de cuentas y compromiso ético.

El “amanecer” del que habla el autor no es un eslogan romántico. Es la posibilidad concreta de repensar Guatemala desde la inclusión y el respeto a la diversidad cultural. Es necesario reconocer que la democracia no puede sostenerse sin los pueblos que históricamente han sido excluidos.

Implica también que las juventudes asuman un papel activo: informarse, participar, cuestionar y construir. Defender los derechos humanos hoy, no es sólo exigir justicia frente a abusos; es también valorar y fortalecer las prácticas comunitarias que ya existen. Si la soberanía reside en el pueblo, como dice la Constitución, entonces la democracia debe nacer desde abajo, desde las comunidades, desde la colectividad.