Participación incluyente
Mujeres, democracia y poder
POR EMMA GÓMEZ
En Guatemala, hablar de democracia implica necesariamente hablar de resistencia. Para las mujeres y en particular para las mujeres indígenas, la democracia no ha sido un regalo del Estado ni el resultado automático de elecciones periódicas, sino una conquista histórica forjada en la organización comunitaria, la defensa del territorio, la memoria colectiva y la lucha constante contra el racismo, el patriarcado y la exclusión estructural.
El análisis desarrollado por Just Associates (JASS) Asociadas por lo Justo, por sus siglas en inglés, en “Haciendo que el cambio sea una realidad”, ofrece claves fundamentales para comprender la compleja relación entre los movimientos feministas, los procesos electorales y el poder político. Desde una mirada feminista y situada, el documento explica la idea de que las elecciones, por sí solas, garantizan democracia o justicia social.
En contextos como el guatemalteco, donde el sistema político ha sido capturado históricamente por élites económicas y redes de corrupción, las elecciones representan apenas un momento limitado y disputado dentro de una lucha mucho más amplia.
El documento, “Haciendo que el Cambio sea una realidad”, es una serie de publicaciones sobre ideas y estrategias que conforman la justicia social y el trabajo por los derechos de las mujeres de JASS en colaboración con varias organizaciones y personas aliadas, además, recopila y analiza la experiencia en torno a los procesos electorales. En conjunto con sus aliadas analizan cuestiones clave como, por qué participar en los ciclos electorales, las diferentes formas en que las organizaciones feministas y de mujeres se relacionan con las elecciones, así como los obstáculos y posibilidades para avanzar. Este número se centra en las experiencias de JASS en sus tres regiones Sureste de Asia, Mesoamérica (México, Guatemala y Honduras) y Sur de África, y abarca experiencias, actividades y reflexiones concentradas en el período 2020-2025.
Combina años de experiencia, investigación y organización en torno a cuestiones centrales como el poder, la defensa de los derechos, las narrativas, la educación popular feminista y el desarrollo de capacidades, todo ello desde el marco de la construcción y el fortalecimiento de movimientos con perspectiva feminista.
En un momento en que la democracia se enfrenta a amenazas globales como el auge del autoritarismo y la erosión de la confianza pública, esperamos que esta publicación alimente reflexiones y debates más profundos, contribuya a avanzar hacia prácticas que defiendan la democracia real y las libertades para las mujeres y para la defensa de la vida.
Mientras la administración agita al público con provocaciones raciales y divisiones políticas, el sector de las prisiones privadas y de la vigilancia está comprando acceso político y ganando miles de millones de dólares en contratos gubernamentales.
Estos puntos sirvieron de base para la estructura y el análisis de esta publicación. En primer lugar, para la mayoría de las organizaciones, participar en las elecciones no es una cuestión de sí o no, basada en una postura ideológica, sino más bien una decisión que surge de un análisis cuidadoso del momento, el contexto político, las relaciones de poder y los objetivos a largo plazo de la organización o movimiento.
En segundo lugar, existe un amplio consenso en que la participación en las elecciones, sea cual sea la forma, debe ser siempre parte de una estrategia más amplia de construcción de movimientos.
En tercer lugar, las elecciones tienen un alcance limitado en lo que pueden ofrecer en términos de construcción de una democracia real, al igual que el poder del Estado para lograr un cambio transformativo. Partimos del reconocimiento de que el sistema está amañado y que los gobiernos sirven en gran medida a los intereses capitalistas y patriarcales.
Citan a la ex diputada del Congreso de Guatemala Sandra Moran: “Como movimientos, tenemos que ser capaces de disputar el poder en todos los ámbitos, y tenemos que ser capaces de hacerlo de diferentes maneras, en distintos contextos y con diferentes acciones… Si las elecciones forman parte de una estrategia más amplia, entonces podemos construir el poder popular, podemos poner nuestros temas sobre la mesa, plantear nuestras demandas y presentar nuestras propuestas, y estamos construyendo movimientos con candidatos que pueden ayudarnos a construir ese poder. Si no forman parte de una estrategia más amplia, es probable que nos debiliten”
Elecciones en un sistema desigual
Guatemala es un ejemplo claro de cómo los procesos electorales pueden ser utilizados para legitimar estructuras profundamente antidemocráticas. La exclusión sistemática de pueblos indígenas, mujeres, juventudes y comunidades rurales ha sido una constante, incluso bajo gobiernos formalmente electos. En este contexto, las mujeres organizadas no se aproximan a las elecciones desde la ingenuidad, sino desde un análisis crítico del poder.
Tal como plantea JASS, los movimientos de mujeres no se preguntan simplemente si deben o no participar en elecciones, sino cómo hacerlo sin perder autonomía, sin fragmentarse y sin legitimar un sistema que históricamente las ha marginado. La participación electoral, cuando existe, se inserta en estrategias más amplias de fortalecimiento organizativo, educación política y construcción de poder desde abajo.
Las movilizaciones de 2023 en Guatemala marcaron un punto de inflexión. Frente al intento del llamado Pacto de los Corruptos de desconocer los resultados electorales y perpetuarse en el poder, los pueblos indígenas con un liderazgo femenino visible y decisivo encabezaron una movilización nacional sin precedentes. Durante más de cien días, comunidades enteras sostuvieron la defensa del voto popular no porque confiaran ciegamente en un nuevo gobierno, sino porque sabían que el robo electoral consolidaría un régimen aún más autoritario y violento.
Las mujeres indígenas desempeñaron un papel central: organizaron turnos, sostuvieron la logística comunitaria, articularon discursos políticos y colocaron en el debate público una pregunta profunda y necesaria: ¿qué tipo de democracia queremos construir? Para muchas lideresas, la democracia liberal heredada del colonialismo no responde a sus realidades ni garantiza la vida digna de sus pueblos. Su lucha, como ellas mismas expresan, no comenzó en 2023 ni terminó con la toma de posesión de un nuevo presidente; es parte de más de 500 años de resistencia.
Durante los procesos electorales, la educación popular feminista ha permitido transformar las elecciones en espacios de aprendizaje político, no de adoctrinamiento partidario. Mujeres que históricamente fueron excluidas del debate público han encontrado espacios para analizar propuestas, cuestionar narrativas dominantes y articular demandas propias, desde la defensa del territorio y los derechos colectivos hasta la autonomía corporal y la justicia económica.
Riesgos, violencia y cuidado colectivo
Participar o incluso existir en contextos electorales implica riesgos reales para las mujeres defensoras de derechos humanos. La criminalización, la violencia política de género y el racismo institucional se intensifican en estos períodos. Por ello, JASS subraya la importancia de la protección colectiva y el cuidado como estrategias políticas, no como acciones secundarias.
En Guatemala, las redes comunitarias, la solidaridad interorganizacional y la memoria ancestral han sido claves para sostener la participación de las mujeres en contextos de alta conflictividad. Cuidarse entre sí, proteger a las lideresas y actuar colectivamente ha permitido resistir la violencia y mantener abierto el espacio cívico.
En el contexto de los últimos años, se han producido cambios importantes que han llevado a las organizaciones y a los movimientos a replantearse la relación entre las elecciones y las estrategias de construcción de movimientos, cita el documento.
Si desean seguir leyendo más sobre este tema, el documento esta disponible en el siguiente enlace https://justassociates.org/es/resource_cat/haciendo-que-cambio-sea-una-realidad/



