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TURISMO COMUNITARIO: Después de la crisis, viene la oportunidad.

Yesika Calderón

A finales del año 2019, Guatemala finalizaba con un 6% de incremento en la recepción del turismo comparado al 2018, recibiendo un total de 2,559,599 turistas internacionales. Quienes trabajamos en este sector, veíamos este 2020 como un año muy prometedor con reservas anticipadas, posicionamiento en ferias internacionales, interés por la cultura y gastronomía guatemalteca, deseos por adentrarse en la selva petenera y aprender de la historia a través de los sitios arqueológicos; además de expectativa por disfrutar de la majestuosidad de las montañas y volcanes activos, inquietud por la cultura e inmersión en el idioma español y la vida cotidiana de la gente, y sobre todo: vivir una experiencia a través del turismo comunitario.

Sin embargo, a partir de enero y febrero del 2020, el miedo por viajar comenzó a dispersarse rápidamente en el mundo, y en el caso de Guatemala, los turistas internacionales (particularmente los europeos) preguntaban sobre la situación en nuestro país. Sus interrogantes eran ¿hay contagios de Covid-19 en Guatemala? ¿cuál es la situación en cuanto a higiene y seguridad? y la pregunta –quizá- más temida de todas: ¿qué pasa si decido cancelar mi viaje ahora?

Es difícil creer que un virus, que había empezado a esparcirse al otro lado del mundo, influiría fuertemente en la toma de decisión de viajes a Guatemala, ya que en esos momentos nuestro país estaba libre de cualquier contagio. Sin embargo, las cancelaciones, reprogramación de viajes y solicitud de reembolsos ya se aproximaban y representaría una angustia para muchos. La esperanza era que en un par de meses todo se solucionaría, pero el golpe para la industria turística llegó aquel 12 de marzo cuando se decidió cerrar fronteras por tiempo indefinido, lo cual nunca antes había pasado en Guatemala.

Fue allí entonces cuando, tour operadores, hoteles, restaurantes, artesanos, reservas naturales, sitios turísticos y demás oferentes de servicios dentro de la cadena turística, empezaron a preguntarse ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo le explico a mi colaborador que no podré sostener su salario si las cosas siguen igual? Nos dimos cuenta de que la crisis no sería únicamente sanitaria sino económica, trayendo consecuencias humanitarias, pues la familia del guía, mesero, piloto etc. dependía de ese ingreso semanal para sobrevivir y por el momento, su actividad laboral sería suspendida.

El nivel de desempleo en turismo ha llegado a su punto más crítico: se estima que en Guatemala 177,000 empleados directos del turismo han dejado de laborar, algunos pocos han sido suspendidos temporalmente y de esta manera han sido beneficiados por el gobierno mediante un estipendio. No obstante, la mayor parte de empleados de la pequeña y mediana empresa, además de trabajadores autónomos (como es el caso de los guías de turismo, maestros de español y pilotos turísticos) han quedado en el aire y sin beneficios, viéndose en la necesidad de buscar alternativas inmediatas para llevar el sustento a sus viviendas.

Mientras el gobierno y el sistema bancario exigen formalidad institucional y tributaria para poder brindar ayudas o poder acceder a créditos al turismo, las pequeñas y medianas empresas quedan excluidas de este tipo de apoyo porque muchas de ellas nunca tuvieron una planilla u otros requisitos que sólo llenan las grandes empresas. Nuevamente, los pequeños sectores económicos y en este caso, quienes trabajan en el turismo comunitario han sido ignorados.

Sin embargo, algo interesante está ocurriendo debido al modelo de funcionamiento de los proyectos de turismo comunitario; ellos han sabido cómo sobrevivir a la crisis. A diferencia del sector turístico convencional que trabaja de forma individual, y enfocado en esta única actividad, los proyectos de turismo comunitario funcionan colectivamente: todos aportan al proyecto y son parte del mismo, generando un movimiento económico dentro de la comunidad; no obstante poseen una actividad complementaria y familiar, como la agricultura, elaboración de alimentos y/o tejido. Así, mientras el turismo se recupera, ellos obtienen ingresos económicos dedicándose a dichas actividades, u otras nuevas actividades bajo el concepto de asociatividad y apoyo mutuo por el bien de todos y todas.

Por otro lado, no todos los trabajadores del sector turístico a pequeña escala han tenido la misma suerte, sobre todo los guías de turismo independientes, ya que empezar solos una nueva actividad económica o adaptarse a la tecnología como una nueva forma de promover sus servicios no ha sido del todo fácil. Por el momento, el futuro del turismo es incierto, y mientras no se encuentre una solución definitiva para contrarrestar el virus, dar paso a esta actividad sin pensar en cómo hacerlo de formas responsable, sin considerar medidas estrictas, causaría una ola más de contagios.

Se prevé que en Guatemala el turismo interno sea el primero en reactivarse, ya que, a causa de las restricciones y riesgos de viajar a otros países, será el guatemalteco viajando por Guatemala quien comience a impulsar nuevamente este sector. Sin embargo, es de suma importancia recordar que aún habrá una crisis económica latente, por lo que, si gobierno no crea una estrategia concreta y real de reactivación turística nacional, será muy difícil que esta crezca rápidamente y tenga éxito. Como en muchas otras áreas, las acciones gubernamentales no son claras, por lo que aún no se puede visualizar la luz al final del túnel.

El Covid-19 nos ha dejado en claro lo importante que es cuidar el ambiente y nos ha demostrado que su alteración ha causado y seguirá causando desastres como lo que estamos viviendo hoy en día; somos quienes causamos el mayor impacto y al mismo tiempo, somos vulnerables ante ello. Así pues, hay una idea general de hacer un turismo más consciente, para que el turista se adapte al destino y que el destino le ofrezca lo mejor que tiene para llenar sus expectativas. Por esta razón, el sector turístico nacional se está preparando para una nueva forma de viajar y hacer un turismo más sostenible, respetuosos y sobre todo con mayor contacto con la naturaleza.

Se sabe que el eco turismo y el turismo rural serán próximamente la tendencia de viaje, lo que significa que cada uno de los prestadores de servicios turísticos debe capacitarse para seguir todos esos protocolos que serán indispensables para garantizar la seguridad del visitante y del anfitrión (en este caso, los proyectos de turismo comunitarios en sus diferentes áreas). Ésta, es una oportunidad para que se aproveche al máximo las cualidades de este tipo de turismo: espacios y actividades al aire libre, servicios personalizados, distanciamiento social, alojamientos privados, alimentación saludable, entre otros, lo cual ayudará a la prevención de la Covid-19.

Guatemala tiene una ventaja competitiva muy importante; más del 60% de nuestro territorio es área rural, lo cual puede ser ideal para promover este tipo de turismo. En estos momentos, es indispensable que las comunidades puedan organizarse y lograr el involucramiento, capacitación y actualización de los actores principales en esta área, los cuales son guías generales y comunitarios, anfitriones de hospedaje así como restaurantes y transportistas, con el fin de ofrecer una turismo responsable y con medidas adecuadas para la seguridad de turistas, tanto nacionales como extranjeros.

Yessika Calderón – Asesora de viajes

Travel & Health Guatemala

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