_541d3fab-06fe-4bf8-ab7a-f0d491c48d96

El oscurecer de la vida

POR LISSETH SANTOS

Las formas tradicionales de crianza que se ejerce en la niñez y adolescencia en Guatemala es resultado de un proceso de enseñanza aprendizaje sistemático e intergeneracional que se caracteriza por ser violento, provocando de esta forma severas consecuencias en niñez y adolescencia. De acuerdo a lo indicado por El Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia, por sus siglas en inglés (UNICEF), los niños, niñas y adolescentes experimentan, en un primer momento, miedo o terror frente al golpe. Es decir, esto ocurre minutos o segundos antes de recibir el golpe, cuando anticipan lo que va a acontecer.

Después del golpe no solo sienten un dolor físico, sino emocional y el sentimiento de impotencia. Para sobreponerse de esta experiencia, niños, niñas y adolescentes desarrollan mecanismos de adaptación a la violencia, como la obediencia extrema o comportamientos violentos. (UNICEF, 2022).

Lo afirmado en el párrafo anterior es importante porque contribuye a comprender los elementos que se generan desde el entorno familiar que permite actitudes de sumisión, miedo u obediencia extrema. Entonces, que quien ejerza el uso de la fuerza para generar violencia contra niñez y adolescencia está creando también, las condiciones para que el niño, niña o adolescente no hable al momento de sufrir alguna agresión sexual dentro de la familia, como puede ser de parte del padre, abuelo, tío, primo, hermano, en el sentido masculino, sin perder de vista que también pueden haber mujeres agresoras.

Por eso, es necesario reflexionar sobre la vinculación de los diferentes tipos de violencia que se articulan y cómo afectan al bienestar de niñas, niños y adolescentes víctimas, que con su inocencia, desinformación y miedo por episodios traumáticos de violencia física y psicológica, son vulnerables al chantaje. De esta forma desarrollan actitudes de adaptación porque se sienten confundidos y no comprenden el daño que viven.

Educación sexual

Para nada es un secreto que en la cultura de Guatemala el tema de sexualidad es un tabú, por lo que desde la familia existen prácticas de prohibir hablar sobre el tema, contribuyendo de esta forma a masificar las posibilidades de vulnerabilidad a niñez y adolescencia, al no tener información de su propio cuerpo y de las partes íntimas que nadie puede tocar, como la boca, senos, vulva, pene, testículos y nalgas. Sin embargo, en Guatemala regularmente se les enseña a la niñez y adolescencia el nombre erróneo de las partes íntimas para referirse al pene o a la vulva, generando desinformación.

Esto evidencia que la educación sexual es incipiente, escasa o nula a lo interno de las familias, luego en las escuelas existen debilidades en maestras y maestros para desarrollar el tema pues la capacitación para que el gremio de magisterio desarrolle el contenido sobre educación sexual es poca o inexistente.

Las debilidades que existen respecto a la educación en el entorno familiar y escolar, se evidencia en la realidad, una sistemática violencia sexual a niñas y adolescentes, tal como lo refleja el reporte del Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva (OSAR) que indica que en 2023 se registraron 52 mil 878 nacimientos en madres de entre los 10 a 19 años. De estos casos, casi dos mil fueron niñas de 10 a 14 años.

Las cifras actualizadas respecto a registros de nacimientos en niñas y adolescentes son escalofriantes y son el resultado de padres, madres, cuidadores, maestras, maestros e incluso personal religioso que limitan el desarrollo de procesos de educación para prevenir la violencia sexual.

Problemática solapada

Es necesario señalar que existen casos de embarazos en niñas y adolescentes como consecuencia de años sistemáticos de violencia sexual y que al momento en que su cuerpo cambia naturalmente, se generan las condiciones físicas para que surja un embarazo.

Algunas de las características de agresores o agresoras sexuales son: que logran la confianza de niñez y adolescencia, vinculan los actos sexuales mediante juegos, infunden miedo en las víctimas a través del chantaje y amenazas o juegan a guardar secretos.

La violencia sexual surge principalmente en entornos familiares, por lo que al momento en que se descubre el hecho, existen muchas probabilidades de que no sea denunciado y que las actitudes de las personas adultas hacia niñez y adolescencia demuestren indiferencia, o en casos extremos se dude o no se les crea. Se ha identificado que un niño, niña y adolescente no tendría la capacidad de describir una situación sexual si no la ha vivido, por lo que es importante que siempre se les crea y se realicen las indagaciones correspondientes.

Hablar de violencia sexual es incómodo, es vergonzoso y al ser una problemática de la que poco se habla, se normaliza en una sociedad como Guatemala que se caracteriza por ser violenta y adultocentrista, es decir, que tiene una forma de pensamiento en que se cree que la niñez y adolescencia no sabe y no pude siquiera decir lo que piensa o siente.

Silencio peligroso

El silencio es la peor forma de contribuir a que continúen lo hechos deshumanizantes de violencia sexual contra la niñez y adolescencia, siendo una de las violencias más recalcitrantes que un ser humano pueda vivir, porque el daño no se logra revertir en su totalidad, más bien, se aprende a vivir con ello.

En Guatemala, se señala que, de las mujeres que fueron madres en la adolescencia, solo 2% logra un título universitario, frente al 9% de quienes fueron madres entre los 20 y los 29 años. (Fondo de Población de las Naciones Unidas, 2022).

La educación sexual es un pilar fundamental en la prevención de violencia contra la niñez y adolescencia siendo necesario que madres, padres de familia y cuidadores siempre propicien espacios de diálogo con sus hijas e hijos para afianzar la confianza y romper el silencio, que es lo más difícil al momento de vivir cualquier tipo de violencia por el chantaje o las amenazas que las víctimas reciben del agresor o agresora.

Existen esfuerzos para desarrollar acciones de prevención en niñez y adolescencia, como es la guía de prevención de violencia sexual en niñez y adolescencia impulsada por (UNICEF). Su contenido es para los diferentes actores sociales a nivel comunitario y municipal que contribuyen a la detención, derivación, atención y proceso de denuncia, afirmando que todas y todos somos responsables de velar por el bienestar de la niñez y adolescencia.
Es necesario plantear la siguiente interrogante ¿Qué hace usted en caso de conocer un caso de violencia sexual en su familia o comunidad?, por favor deténgase un momento en la lectura y lea nuevamente la pregunta, ahora responda en silencio.

Este ejercicio le permitirá medir de manera personal su actuar frente a la violencia sexual. La respuesta común a la pregunta anterior es: denunciar de inmediato, sin pensar que la salud de la niñez o adolescencia víctima es lo más importante y urgente de atender, por la posibilidad de embarazos en el caso de que sea niña o adolescente mujer, así como los riesgos de Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), por lo que la guía integra información de una ruta de atención de casos de violencia sexual.

Por lo anterior es necesario tener presente esto: “Hacer que la educación en sexualidad sea integral es crucial para que las personas adolescentes adquieran las habilidades y la información que necesitan para conducir vidas saludables”, afirma la Dra. Ana Silvia Monzón, profesora investigadora en FLACSO-Guatemala. (www.guttmacher.
org, 2017).

“Por un mundo libre de violencia sexual”

Lisseth Santos, Mujer comprometida con la transformación social para un mundo mejor para todas y todos, de profesión: Trabajadora Social, con estudios en antropología social, egresada del Centro Universitario de Occidente.