1 nahuat pipil foto 1 credito – rescate de la cultura Nahuat Pipil

Nawapipiles: La defensa de la Espiritualidad como Territorio en Disputa

Por: Manuel Fernando Ramírez

Hace pocos días mientras compartía una bebida fría con un amigo me comentaba sobre una experiencia, a su juicio, ridícula. La vivencia se traslada a un momento al sur de Guatemala; unos visitantes extranjeros se acercaron a una comunidad Maya para presenciar una ceremonia. Al presentar los elementos sagrados e iniciar con el ritual los visitantes interrumpieron drásticamente al sacerdote para negar con firmeza que aquel altar no poseía los elementos y colores necesarios para realizar la ceremonia. Con el desencanto a flor de emociones mi amigo lanza un par de preguntas: ¿De verdad estos blancos creen que saben más sobre las costumbres de los pueblos originarios que los mismos pueblos? ¿Qué inconciencia persiste en este siglo en nosotros los blancos para creer que podemos llegar y corregir a los pueblos indígenas en sus manifestaciones religiosas o espirituales?

Lo anterior abrió una serie de incomodidades a modo personal. Meditar y reflexionar sobre los desplazamientos territoriales, las imposiciones culturales y los inevitables sincretismos religiosos que trajo la colonización a nuestras tierras y espiritualidades sigue exigiendo en nuestros días una defensa por la identidad y la cosmovisión que hemos heredado. Al igual que muchos pueblos indígenas de Centroamérica el pueblo Nawapipil en El Salvador ha sido invisibilizado y desvalorizado, siendo violentados todos sus derechos fundamentales desde el encuentro con los conquistadores españoles hasta la llegada e instauración de las supuestas democracias.

Persecuciones, represiones y etnocidios han matizado la compleja actualidad del pueblo Nawapipil; las violencias estructurales y políticas ejercidas desde el Estado han imposibilitado procesos de recuperación identitaria o justicia restaurativa para los pueblos indígenas en El Salvador. Muestra de ello, es la enmienda constitucional ratificada apenas en junio de 2014; en ella un fragmento reza “El Salvador reconoce a los Pueblos Indígenas y adoptará políticas a fin de mantener y desarrollar su identidad étnica y cultural, cosmovisión, valores y espiritualidad”. Es hasta ciento noventa y tres años después de la independencia de España que se reconoce de manera oficial la presencia indígena en el territorio salvadoreño, poniendo así en alto relieve la precariedad padecida de los pueblos originarios en el país. Nuestros patrimonios siguen pidiendo que seamos guardianes celosos de nuestros saberes, que, son tan importantes, valiosos y profundos, tanto, como aquellos con los que nuestros ancestros se encontraron un día de forma inesperada. Así, consciente de ese valor y riqueza y los padecimientos vividos se delimita un punto de partida para visualizar la espiritualidad como un territorio en disputa en el actuar devenir.

Se abre entonces una nueva puerta para la reflexión y es necesario preguntar ¿Qué es la defensa de nuestra espiritualidad como territorio? ¿Qué está en disputa? ¿Qué bienes y saberes se enmarcan a través de la defensa? Surge una serie de elementos necesarios ante las preguntas planteadas; por un lado, desconfigurar y deconstruir el propio concepto de territorio, para no minimizarlo o darlo como algo dado y único, referido al espacio físico que está y existe independiente a los conflictos que se generan desde, y en éste; además aparece la necesidad urgente de conocer las diversas argumentaciones desde donde nace y se justifica la defensa, comprendiendo así el lugar de los actores que reclaman la pertenencia o manifiestan despojo, y por último, replantear la naturaleza y origen de las acciones que han hecho surgir una disputa y los escenarios socio-históricos que se trazan y construyen a partir de estos procesos. Así, estos procesos validan causas y no limitan un territorio pre-existente y claramente delimitado como objeto de defensa. Es así que las manifestaciones culturales, sociales, religiosas y otras que definen o diferencian a un grupo humano de otro se tornan territorios que al verse amenazados para despojar identidad o instrumentalizarlos para la sumisión o enajenación se vuelven territorios en disputa.

 

Al igual que los extranjeros en la comunidad al sur de Guatemala, muchos siguen manteniendo una actitud de superioridad hacia los pueblos indígenas en su imaginación, esto, resultado de esa larga anulación y minimización en una configuración social que evalúa y acentúa el valor de la persona desde el lado invasor, eurocentrista en su mayoría, y otras tantas “yankeecentrista”. Agregado a esto se acompaña un movimiento pseudo espiritual global que promueve la práctica de meditaciones, ejercicios corporales, dietas gastronómicas y otro cúmulo de accesorios que recoge elementos y componentes de cosmovisiones de pueblos originarios de América, Asia, Africa y otras latitudes promoviendo un nuevo ascetismo con tintes propiamente neocolonialistas y mercantilistas; esta nueva espiritualidad ha sido hecha según las exigencias del capitalismo se ha reducido a una técnica de autoayuda mercantil e instrumental que refuerza el individualismo y el neoliberalismo en sí. Las expresiones espirituales propias de nuestro pueblo Nawapipil, al igual que muchos pueblos mesoamericanos, enfocan la convivencia adecuada, la responsabilidad del buen uso de bienes comunes en nuestros espacios de convivencia, como también fomenta el valor por la vida y el respeto a los bienes naturales personificados en la Madre Tierra. Es así que la nueva espiritualidad colonialista, capitalista y blanca poco a poco ha diluido las identidades ancestrales generando “neosincretismos” que distan mucho de los valores que encierra nuestra espiritualidad. Demandando para los pipiles la apropiación de espacios políticos que permitan exigir el cumplimiento de la enmienda constitucional de junio de 2014.

Aparecen así, en escena, los retos ante un movimiento espiritual que radicaliza lo temporal, fomenta el olvido de la memoria histórica, dispara contra la construcción colectiva y reclama elementos de nuestra cosmovisión para enajenar masas. Para el pueblo Nawapipil la defensa de la Espiritualidad como Territorio en Disputa demanda fortalecer los espacios ganados, aunque pequeños pero ganados, en la legislación salvadoreña. Articular desde esta herramienta legal demandas de participación en espacios públicos superando la visión folclórica implantada por un sistema segregador; además, urge la cohesión de los diferentes sectores y espacios que promueven la identidad Indígena en El Salvador. Se vuelve fundamental purgar de nuestros colectivos y espacios intervenciones político-partidistas que han lacerado nuestra identidad y han demostrado en más de una ocasión la utilización de nuestras luchas como trampolines y negocios que nunca nos benefician.

El mundo está cambiando con facilidad y brevedad en la era digital y globalizada; sin embargo, la falsa espiritualidad que cada vez toma mayor fuerza y se cataloga como una “revolución de la conciencia y el interior” dicta formas, recetas y fórmulas para enfrentar, sobrellevar, asimilar y naturalizar los problemas del capitalismo y el neocolonialismo. Esta manifestación promueve de múltiples maneras la actitud exacta y sumisa para mantener el statu quo. El nuevo ascetismo permuta hacia un optimismo que anima a conformarse y desarrollar una pasividad política resignada. Las espiritualidades indígenas, al contrario, tienen como fondo el cambio personal que promueve un cuestionamiento crítico de las condiciones históricas, culturales y políticas que son responsables del sufrimiento ambiental y social en nuestro entorno. Es por eso que defender nuestra espiritualidad como territorio en disputa es una realidad y demanda nuestros celos más ancestrales.

 

Sobre el autor: 

Edwin Manuel Fernández Ramírez (Uselutzin) tiene 39 años y es originario de Santiago Texacuangos, pueblo ubicado sur oriente de San Salvador. He realizado estudios de Sociología y Teología. Actualmente forma parte de una iniciativa llamada «Ne Pashaluani» (El que pasea) que busca rescatar elementos culturales del pueblo Nawapipil. Ha dedicado parte de su vida al activismo de la defensa de Derechos Humanos y Ambientales, dentro y fuera de El Salvador. Está trabajando en productos audiovisuales en apoyo a diferentes iniciativas que buscan visibilizar la presencia indígena en El Salvador. También apoya una iniciativa colectiva en Panamá de difusión radial que aborda temas indígenas y afrodescendientes.