Cuerpos y Territorios, Escenarios de Lucha

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Foto de portada: Mural de Natalii-Rak en Polonia

Por Ana Cofiño, Editora de la revista feminista La Cuerda

 

Integrantes del movimiento de mujeres hablamos de nuestros cuerpos como territorios donde se escenifican pugnas de poder cruciales para la existencia y reproducción del patriarcado y del capitalismo. La sexualidad, la fuerza de trabajo, las potencias creativas y cognitivas de las mujeres son codiciadas como fuentes de riqueza explotables en beneficio del sistema y de los hombres en concreto. Los cuerpos de las mujeres son utilizados como maquinarias para la reproducción y las mujeres como objetos a poseer y para servir a otros. Son los territorios por donde empieza y se reproduce la cultura que justifica y ejecuta la explotación.

Considerar a los cuerpos como territorios significa una mirada abarcadora que reúne lo natural y lo social, visibilizando las interacciones entre las personas y el mundo en que vivimos. Desde esta perspectiva, se busca construir conceptos holísticos que permitan entender las vinculaciones complejas de la vida, y elaborar propuestas para el establecimiento de la armonía y la paz.

La resistencia pacífica, prolongada, muchas veces silenciosa, ha sido una manera de no dejarnos doblegar. En el caso de las mujeres, la resistencia ha estado muchas veces basada en la resiliencia, o la capacidad de superar condiciones de abuso; otras veces, en la organización de estrategias para la sobrevivencia que implican tomar determinaciones y acciones políticas para la puesta en marcha de proyectos propios. Las medidas extremas, como la toma de armas, ha sido otra vía forzada por el cierre de caminos democráticos.

Cuando una empresa extractivista se instala en una aldea o sus cercanías conforma un enclave que representa una estaca que penetra con dolor. En San Rafael Las Flores, por ejemplo, donde la operación minera cambió el paisaje de tajo, la calidad del entorno está siendo lastimada permanentemente, no sólo por las varias formas de contaminación, sino por los conflictos sociales que ha generado. En un tiempo corto se perpetró un gran daño que tiene consecuencias de largo plazo.

A nivel global, el cambio climático es provocado por el sistema económico en su búsqueda permanente de enriquecimiento, es decir de poder. Nosotras hablamos de destrucción de los ecosistemas y del tejido social. Nos parece un engaño absurdo llamar solo a la adaptación al cambio climático. Esto hace que muchas personas a nivel individual procuren su propio bienestar, pero que no resuelven la raíz de todos los males, la inequidad y la voracidad sin límites del capitalismo.

Las mujeres son utilizadas como el combustible para los motores del desarrollo.

Las mujeres de comunidades afectadas por estos negocios padecen excepcionalmente los efectos, como son sostenes del hogar. Garantizar que sus grupos familiares cuenten con agua es un problema común, ya que las empresas utilizan cantidades inmensas, mermando su cantidad y calidad, aumentando el trabajo que proveerla implica. La contaminación hace padecer a las personas más débiles, niños y ancianos, y como su cuidado generalmente recae en las mujeres, es otra de las responsabilidades que el sistema les atribuye “como parte de su naturaleza”. El exterminio de especies animales y vegetales es un aspecto del complejo problema que para las mujeres implica enfrentar carencias, riesgos y amenazas, y resolver emergencias.

La violencia es inherente al modelo extractivista, puesto que sin ella no se lograría implantar, por ello recurren a hombres armados y la represión descarada para imponerse frente al rechazo comunitario. Esto repercute en la inseguridad y los peligros que las mujeres sufren, al hacerlas más vulnerables ante estas amenazas.

Lo que se evidencia al hablar de los cuerpos como territorios en disputa es que las mujeres son utilizadas como el combustible para los motores del desarrollo. Los derechos de las mujeres son un requisito para construir territorios verdaderamente libres de todas las violencias, donde la armonía puede dejar de ser un sueño.